Manchando la pelota. Por Ilán Buzny


 Perdón Diego, la pelota se manchó. Se manchó de mentiras, difamaciones, antisemitismo, política e indignación. Todo lo que prometió ser una fiesta del deporte y una fiesta para el mundo por ver jugar al futbol a Messi y compañeros se transformó en un escándalo a nivel mundial.
Son muchos los puntos a analizar acerca de lo que  pasó y porque se llegó a esta instancia, pero fue más trascendental lo que giró alrededor de la suspensión del partido que la suspensión en sí misma.
Meses atrás, el movimiento BDS (pro palestino), que llama a boicotear a Israel comenzó una campaña titulada “Argentina no vayas” donde se proponía que el seleccionado argentino no juegue el amistoso frente a Israel. Fue tal el nivel de repercusión que tuvo dicha campaña que en Argentina una semana antes que partiera el seleccionado rumbo a Barcelona, logró una manifestación frente a la AFA y mismo en Barcelona lograron montar un show -repugnante, por cierto- con camisetas argentinas ensangrentadas o lanzando amenazas a los jugadores de futbol nombrándolos uno por uno.  Inquieta un poco saber dónde estaba la izquierda argentina, D´elia, Esteche o Larroque mientras que se quemaban bandera de Argentina por parte de ciudadanos palestinos. ¿Será acaso que si la quema de banderas de Argentina y las amenazas de muerte para Messi son aceptadas y justificadas con tal de que vayan en contra de Israel?
 La indignación abruma y en cantidades, más aún cuando uno lee y escucha comentarios referidos a que este partido vs Israel convalidaba las políticas por parte del estado de Israel referidas a la causa palestina.  ¿Haber jugado vs Venezuela en las eliminatorias convalida la dictadura de Maduro?  ¿Acaso haber jugado con los ingleses en el Mundial 86 avaló la ocupación inglesa de las islas Malvinas? ¿Acaso haber jugado en el Mundial 2014 vs Irán avaló por la persecución a los homosexuales o las brutales matanzas a lapidaciones sobre la mujer? 
Resulta que nadie pidió la nulidad de estos encuentros, pero el de Israel sí. El doble estándar volvió a jugar de titular en el pensamiento de muchos y logró que todos perdiéramos. 
Perdimos los que creemos en el deporte como herramienta de unión en la diversidad. Perdimos los que buscamos la paz y los que no nos agotamos en buscar formas de llegar a ella. Ganaron los que mancharon la camiseta, los que quemaron la bandera argentina y los que mancharon la pelota con política, antisemitismo e ignorancia. Ganó Hamas y perdió la cordialidad.
 Perdón Diego, aunque no estés de acuerdo mancharon la pelota.
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