Alí Akbar Velayati acumula millas aéreas. Por Julián Schvindlerman


Días atrás, en el mes aniversario de la voladura de la AMIA, Alí Akbar Velayati, quien fuera canciller de la República Islámica de Irán en 1994 y actualmente oficia de asesor del Gran Ayatolá Alí Khameini, entró y salió de Rusia con total impunidad. Se anunció un viaje suyo a China. También entró y salió de Malasia y de Singapur, en julio de 2016, sin dificultades. El pasado noviembre hizo un viaje a El Líbano, posiblemente el país más seguro para los iraníes fuera de Irán. La cancillería argentina ha solicitado su detención preventiva, dado el pedido de captura internacional emitido por la Justicia local en su contra. Pero en la arena de la geopolítica mundial, como con acierto señalaba en Clarín la periodista Natasha Niebieskikwiat, ninguna nación aliada o relacionada con Irán dará prioridad a estos pedidos argentinos. Alí Akbar Velayati seguirá acumulando millas aéreas con absoluta impunidad. Cabe recordar, además, que Interpol se negó en su momento a poner una circular roja sobre su cabeza, aun cuando él fue señalado como partícipe de la reunión del Consejo Supremo de Irán, de agosto de 1993, en la cual se planeó el atentado contra la AMIA en la Argentina.

El ministro de Defensa, Ahmad Vahidi, visitó Bolivia, en 2011, con análoga libertad. Buenos Aires se anotó un éxito relativo cuando logró que el Gobierno de Evo Morales "echara" al oficial iraní, pero fue un fracaso que no obtuviera su arresto. Algo parecido puede decirse respecto de un viaje de Mohsen Rabbani a Colombia, en 2016, ocasión en que una protesta argentina frustró su anunciada visita. Por lo demás, el panorama es claro: las autoridades iraníes comprometidas judicialmente aquí difícilmente serán arrestadas durante sus periplos en el extranjero.

La Argentina debe insistir, desde ya, en estos reclamos judiciales ante el mundo entero, por más fútiles que sean. Nuestra búsqueda de justicia no debe cesar ni quedar limitada a discursos durante el acto de conmemoración en las puertas de la institución judía, o a la creación de conmovedores videos sobre las víctimas del atentado, o a la generación de loables campañas para que el 18 de julio sea declarado día de duelo nacional. Pero debemos ser realistas en cuanto al alcance de esos pedidos oficiales. Es un hecho que cuando Donald Trump sacó a Estados Unidos del pacto nuclear del P5+1 con Irán, Europa puso el grito en el cielo. Es un hecho que las más prominentes empresas europeas han competido entre sí para ver cuál firmaba con los ayatolás el más jugoso contrato comercial. Recordemos que dentro de la semana de la firma del pacto nuclear en 2015, delegados europeos ya estaban aterrizando en Irán, y que firmas del tamaño de Boeing, Airbus, Renault, Peugeot-Citroën, Siemens y Total, por nombrar unas pocas, establecieron fuertes lazos comerciales con Teherán.

La república islámica es un peso pesado en la geopolítica del Medio Oriente. Mantiene relaciones estratégicas con China y Rusia. Influye en El Líbano, Siria, Irak, Yemen y Gaza. Su presidente, Hasan Rohani, es continuamente, delirantemente, presentado como un moderado por la prensa global. Irán es un país-miembro respetado de las Naciones Unidas, al punto que en 2014 fue elegido para presidir la codiciada Comisión sobre el Estatus de la Mujer del Consejo Económico y Social del organismo, aun cuando acababa de condenar a muerte a una joven de 26 años que había sido violada. El gobierno italiano llegó al extremo de tapar estatuas clásicas durante una visita suya para que el puritano ayatolá no viese un desnudo esculpido en piedra. ¿En esta atmósfera, quién va a arrestar y extraditar a un oficial iraní buscado por la Justicia de un país sudamericano por un atentado cometido casi un cuarto de siglo atrás?

Así son las cosas. Hoy. Mañana será otro día. Quizás la ley alcance a los perpetradores, eventualmente. En el presente, nuestra tarea es no abandonar nuestra búsqueda de justicia. Aun, o especialmente, cuando los asesinos —pasaporte en mano— y sus socios —contrato en la mesa— se burlen del dolor que nos han causado.

Fuente: Infobae
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