Hamás, Gaza, Israel y el derecho a defenderse del terror


Desde que tomó el poder en 2006 Hamás no ha dejado de hostigar a Israel desde Gaza lanzando, por ejemplo 18.000 proyectiles.
Israel no ocupa Gaza y no bloquea la Franja, pero hasta Egipto cierra su frontera por la hostilidad de Hamás.
¿Soportaría España miles de proyectiles lanzados a su territorio o la opinión pública pediría acabar con la amenaza terrorista?
Israel no sólo tiene derecho a defender a sus ciudadanos, sino que tiene la obligación de hacerlo.
Los ataques israelíes son siempre respuesta a ataques terroristas previos.

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La violencia patrocinada desde Gaza provoca frecuentemente escaladas de tensión con Israel que en cualquier momento pueden desembocar en una nueva intervención militar con alto coste de vidas, tanto de israelíes como de gazatíes.

La prensa internacional suele aprovechar estas ocasiones para, en su mayor parte, hacerse eco de la propaganda palestina, ocultando el contexto de cada situación cuando no parte importante de los hechos. Esta narrativa tiene por fin criminalizar a Israel por incidentes que siempre se inician por orden de Hamás y es una parte esencial de la estrategia de la organización terrorista, que sacrifica a su propio pueblo para obtener estas victorias mediáticas con escasa transcendencia política y que sólo hacen más difícil una resolución del conflicto.

Los medios de comunicación son una parte más de esta estrategia: sin su colaboración entusiástica Hamás no obtendría rentabilidad propagandística alguna y, por tanto, no enviaría a sus jóvenes a la muerte. Los profesionales y los responsables de los medios quizá deberían reflexionar sobre esto y sobre el papel que están jugando.

Unas notas sobre el contexto

Hay varias mentiras que por mucho que se repitan no dejan de serlo y que sólo la total falta de rigor, el desconocimiento más absoluto o una intención evidente de manipular hacen posible que sigamos viéndolas publicadas de forma frecuente.

La más grosera es, probablemente, hablar de la “ocupación” de Gaza. La verdad es que Israel se retiró de la Franja de Gaza en agosto de 2005, de forma unilateral y obligando a miles de israelíes que vivían en la zona a dejar sus casas en 21 asentamientos que, por cierto, poco después fueron arrasados por hordas de fanáticos palestinos.

Se van a cumplir, por tanto, 13 años de administración completamente palestina, la mayor parte de ellos bajo una violenta dictadura de la organización terrorista Hamás, que ocupó el poder tras imponerse en unas elecciones legislativas pero, sobre todo, tras un enfrentamiento militar con los miembros de Fatah que causó centenares de muertos, la mayor parte de ellos durante varias semanas de 2006. Por supuesto, desde entonces Hamás no ha celebrado de nuevo elecciones libres ni siquiera un simulacro electoral al estilo de sus patrocinadores iraníes.

Tampoco es cierto que la Franja de Gaza sea un territorio completamente bloqueado en el que no pueden entrar ni salir mercancías y personas. Sí es verdad que tanto las autoridades israelíes como las egipcias cierran habitualmente los pasos fronterizos cuando hay problemas o disturbios al otro lado, pero si no es así numerosos tipos de bienes traspasan las líneas divisorias llevando al interior de la Franja alimentos y todo tipo de materiales a excepción de armas y aquello que pueda tener un uso militar. Así mismo, tanto electricidad como el combustible llegan habitualmente a Gaza desde Israel.

Por otro lado, es normal que sea difícil traspasar la frontera a un país ante el que eres abiertamente hostil, pero el hecho de que también la divisoria con Egipto esté cerrada tantos o más días que la frontera con Israel nos da una idea de las precauciones que las autoridades del Estado Hebreo se ven obligados a tomar con Hamás.

Aún así, hay diversas razones por las que habitantes de Gaza se les permite pasar a Israel, una de ellas es por motivos de salud: hasta 30.000 gazatíes fueron tratados en 2016 en hospitales israelíes.

Algunos detalles de historia reciente

Desde la toma del poder por parte de Hamás el acoso a Israel ha sido una constante: con oleadas de mayor intensidad y épocas más tranquilas, unos 18.000 proyectiles de diferentes tipos han sido lanzados desde la Franja a territorio israelí. Para ello se han usado cohetes caseros, morteros y en los últimos años también cohetes más sofisticados capaces de alcanzar incluso las cercanías de Jerusalén.

Estos ataques constantes han obligado a Israel a dotar de un completo, complejo y muy costoso entramado defensivo al sur del país, que va desde la tecnología punta de la Cúpula de Hierro -un sistema antimisiles que intercepta una parte importante de los proyectiles lanzados- hasta levantar protecciones de hormigón armado en todo tipo de instalaciones: guarderías, colegios, centros públicos o paradas de autobús; además de cientos de refugios en los que los israelíes tienen que esconderse cuando suenan las alarmas por los lanzamientos.

En este sentido, es importante señalar que si bien es poco frecuente que estos bombardeos causen daños personales, esto no se debe a que sean inocuos o que no pretendan matar, si no lo logran es gracias a estos costosísimos pero eficaces sistemas de protección, así como a la preparación de una población civil que ve continuamente alterado el transcurrir normal de su vida pasando no pocas noches en los refugios.

La mayor parte de las operaciones militares israelíes en Gaza han venido precedidas de oleadas de estos ataques, el verano de 2018 no ha sido una excepción: la Fuerza Aérea ha bombardeado contundentemente sólo después de que un soldado israelí fuese asesinado en la frontera.

En otras ocasiones, por ejemplo en el verano de 2014, a los bombardeos se les unieron otros ataques criminales como el secuestro y posterior asesinato de tres adolescentes israelíes.

 Los túneles

Una de las cuestiones que prácticamente no aparece en la prensa internacional (y si lo hace es sólo de una forma tangencial) son los túneles que Hamás construye continuamente con inicio en Gaza y final en Israel y también en Egipto.

Además de usarse para el contrabando de armas los túneles tienen como objetivo servir de infraestructura para cometer actos terroristas en suelo israelí y atacar objetivos militares y, sobre todo, a civiles inocentes.

Fue en uno de estos ataques a través de un túnel cuando en 2005 se secuestró al soldado Gilad Shalid y se asesinó a dos de sus compañeros. Por cierto, Shalit no fue liberado hasta el año 2011, completando nada más y nada menos que más de 1.900 días de secuestro durante los cuales no se le dejó mantener ningún tipo de contacto con el exterior, no se informó a sus familiares de su estado de salud o su paradero y ni siquiera se permitió que fuese visitado por miembros de Cruz Roja.

Hamás utiliza en estas construcciones buena parte del material que debería servir para la reconstrucción de las infraestructuras y las viviendas que resultaron dañadas en la guerra de 2014 y que en muchos casos no se han reparado desde entonces, a pesar de las multimillonarias donaciones de la comunidad internacional.

Estos túneles colapsan con cierta frecuencia causando la muerte a los propios palestinos. Una muestra clave de la vileza de Hamás es que, como en la construcción se usa en muchas ocasiones a niños, muchas de estas muertes son de menores. De hecho, según un informe de 2012 un oficial palestino cifraba en 160 los niños muertos en los túneles de Gaza.

Un nuevo tipo de ataque: la ‘Marcha del retorno’

Durante este 2018 la situación ha cambiado significativamente en Gaza a raíz de la mal llamada Marcha del Retorno: una serie de violentas manifestaciones convocadas en la frontera con Israel que se vienen desarrollando desde el pasado 30 de marzo.

Vendidas como “manifestaciones pacíficas”, las marchas son en realidad demostraciones violentas que se utilizan para provocar muertos -la mayor parte de ellos miembros de organizaciones terroristas tal y como ha reconocido Hamás- con los que desprestigiar a Israel y para intentar cometer actos terroristas en la propia frontera o dentro del territorio israelí.

Una parte habitual de estas manifestaciones ha sido la quema de grandes cantidades de neumáticos para generar una cortina de humo bajo la que desarrollar actividades criminales. Como resultado de este humo falleció un bebé de cuya muerte también se quiso culpar a Israel, si bien la verdad tardó poco en salir a la luz.

Durante alguno de los disturbios los alborotadores han lucido simbología nazi, ha habido disparos a las tropas israelíes en la frontera -que han llegado a provocar la muerte de un soldado-, se han producido numerosos intentos de infiltración en territorio israelí y se ha tratado de dañar las propias protecciones fronterizas.

También estos disturbios los terroristas de Hamás han desarrollado una nueva forma de terrorismo tan sencilla como dañina: lanzan cometas o globos con material incendiario al otro lado de la frontera para provocar incendios. A mediados de julio ya se habían contabilizado unos 750 incendios provocados de este modo, con los que había ardido una superficie de 2.600 hectáreas, aproximadamente el equivalente a 3.400 campos de fútbol.

Aunque la decisión de Donald Trump se ha utilizado en algunos momentos como excusa, estos disturbios no tienen nada que ver con la embajada de EEUU en Jerusalén: sí han sido programados en parte para coincidir con la apertura oficial de la sede diplomática, pero sólo son un eslabón más de una estrategia de acoso y presión que viene desarrollándose desde 2006.

¿Y si nos pasase a nosotros?

España no tiene la desgracia de mantener una frontera con una entidad terrorista hostil como Hamás, pero el problema de la inmigración ilegal sí exige un esfuerzo constante de seguridad para evitar una infiltración masiva y descontrolada.

En este sentido, conviene recordar que allí donde son necesarias España sí mantiene, como Israel, fronteras fuertemente protegidas y con mecanismos pasivos y activos de defensa, por ejemplo en Ceuta y Melilla. Los ataques a estas fronteras y a los agentes de los cuerpos de seguridad que las defienden son motivo de lógica preocupación para la opinión pública, que generalmente critica la falta de dotación de personal y medios de estas defensas y no su existencia.

Cabe preguntarse qué pensaría esa misma opinión pública si en lugar de ver nuestra seguridad fronteriza amenazada por inmigrantes la viésemos amenaza por terroristas tratando de infiltrarse en nuestro territorio con el único objetivo de cometer atentados, que sistemáticamente tratasen de degradar esas defensas y que de forma habitual disparasen a los agentes de la Guardia Civil destinados en Ceuta o en Melilla.

¿Qué pensarían los españoles si se lanzasen cientos cuando no miles de proyectiles a suelo español desde las proximidades de esas fronteras? ¿Qué diríamos a los miles de conciudadanos que no pudiesen desarrollar su vida con normalidad en ciudades como Ceuta y Melilla (170.000 habitantes entre ambas) o si los gaditanos de Algeciras o La Línea de la Concepción (otros 180.000 españoles más) tuviesen que correr a refugios antiaéreos varias veces al mes?

Por supuesto, la inmensa mayoría de los españoles consideraría intolerables esos ataques y exigiría que las autoridades hicieran todo lo posible por proteger a sus compatriotas. De hecho, eso es lo que ha hecho España durante décadas para defenderse del terrorismo nacionalista y lo que sigue haciendo contra el yihadismo, que es lo mismo a lo que se enfrenta Israel al defenderse contra Hamás.

Israel tiene derecho a defenderse

Como cualquier otro país atacado por el terrorismo en cualquiera de sus formas, Israel no sólo tiene el derecho a defender a sus ciudadanos, sino que tiene la obligación de hacerlo.

En el caso de Hamás esto es especialmente difícil dado que la organización terrorista no se limita a perpetrar atentados sino que es capaz de usar a niños y mujeres como escudos humanos y desarrolla parte de su actividad terrorista camuflada entre la población inocente con la intención de causar el mayor número de bajas civiles posibles, muertes que luego va a usar en su propaganda.

Aún así, Israel logra localizar y neutralizar a los terroristas infiltrados entre la población, siempre tratando de minimizar las bajas civiles El último ejemplo de esto se ha visto precisamente en las Marchas por el Retorno, en las que Hamás llegó a reconocer 50 de 62 fallecidos -encima en sus propias poco fiables cifras- eran terroristas de la organización.

A miles de kilómetros, desde una Europa cuyos retos de seguridad son muy diferentes, resulta sencillo criticar a Israel y especular sobre si el uso de la fuerza que hace el estado hebreo es o no proporcional, pero esas críticas olvidan que lo que Hamás pretende -está en su carta fundacional y lo ha vuelve a afirmar cada vez que tiene oportunidad- es borrar Israel del mapa. Ante un enemigo que quiere exterminarlos, ¿alguien de verdad piensa que Israel se excede sólo porque se defiende?

Fuente: ACOM / PorIsrael.org
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