Idan Raichel recorrió las calles del Barrio 31 y protagonizó un exitoso encuentro musical


En su paso por Buenos Aires el reconocido músico israelí hizo furor en cada una de sus presentaciones. Luego de sus exitosos conciertos en el Teatro Coliseo junto al Ensamble Sinfónico 21 y en la Comunidad Amijai, el cantante no vaciló en aceptar la propuesta conjunta de la Embajada de Israel y el Gobierno de la Ciudad para realizar un encuentro con los integrantes de un taller musical porteño.

En horas del mediodía del día lunes Raichel se dirigió al Barrio 31 acompañado por dos cantantes y amigas, Yahalom David y Maya Abraham, a quienes se unieron los músicos argentinos Fernando Kiguel y Matías Scheines. Allí lo estaban esperando funcionarios del Departamento de Cultura de la Secretaría de Integración Social y Urbana del Gobierno de la Ciudad quienes les contaron brevemente la historia del lugar y el trabajo que realizan allí.

Intrigado por los rincones y secretos que le enseñaba el paisaje urbano, el músico llegó finalmente al centro cultural donde fue recibido afectuosamente por un grupo de señoras mayores que, como todas las semanas, esperaban tomar sus clases de música. Tras una breve presentación y sin mediar mucha palabra, el cantante se supo integrar como un local más y la comunicación, lejos de los inconvenientes de las barreras idiomáticas, empezó a fluir en un encuentro donde primó el lenguaje común del arte.

Las abuelas presentaron orgullosos algunas de sus piezas favoritas, y, entre cuecas y carnavalitos, los artistas israelíes se fueron sumando de a poco al compás de nuevas improvisadas melodías. Finalmente llegó lo que los presentes esperaban: el turno para que Idan, Yahalom y Maya compartan sus canciones. Su estilo particular que fusiona jazz, música tradicional sefardí y baladas, entre otros géneros, fue muy bien recibido por la comunidad al punto que terminaron danzando tímidamente al son de sus ritmos que aunaron melodías en hebreo, árabe, amhárico y español.

Luego de ejecutar varios temas, improvisar y bailar llegó el momento de despedirse. Fue allí que luego de risas, abrazos, selfies y regalos se dio cierre a un emotivo encuentro donde las diferencias se transformaron en oportunidad y las distancias se unieron en una verdadera armonía.
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