Conmovedora historia de joven judía islamizada: “Hasta hace poco lloraba por los terroristas”


En su infancia en Egipto escuchaba que los judíos tenían cuernos pero luego, por situaciones familiares, descubrió que era judía. “Ahora veo las cosas desde otra perspectiva.

Por Asaf Gabor, Israel Hayom

Maisa nació en Alejandría, Egipto, en 1989. Una adolescente joven y feliz que vivía con sus padres en una amplia casa en un barrio acomodado de la ciudad.

“Teníamos una casa con un gran jardín, pileta y establo para caballos. Mi familia vivía junto a mi tío,primos y abuelos”,cuenta.

“Mi familia tenía fábrica de muebles. Eramos una familia única y muy unida. Un tío paterno mío se casó con una tía materna mía. Vivía con mis tres hermanos y varios tíos. Mis abuelos me educaron de pequeña. Era un hogar abierto y liberal. Vivíamos como musulmanes pero no nos vinculabamos con los vecinos”.

Maisa recuerda costumbres extrañas de la infancia cuyo significado no entendía. “Los viernes mi abuela se acercaba a una mesa algo alejada;encendía dos velas y cubría su cara con las manos. Luego teníamos una gran cena familiar. El abuelo decía algo sobre una copa de vino pero yo no lo entendía y luego se repartía el vino. En invierno había una comida que se repartía manzana con miel. Yo no preguntaba mucho. Tenía curiosidad porque no eran costumbres musulmanas. Todos mis primos y yo nos educamos en la escuela de la Hermandad Musulmana ( inspiradora del Hamas Islámico) de Alejandría. Iba a la escuela con el Jihab ( pañoleta árabe) y allí estudiabamos sobre el Islam, Mahoma y la historia de Egipto. En mi casa me quitaba el pañuelo. Yo odiaba las clases de religión islámica. La violencia en la escuela era cotidiana. Cualquier pequeña falta que hacíamos los maestros nos pegaban, nos tiraban del pelo y de las orejas. Los maestros en lugar de explicar castigaban el no entendimiento. Hasta quinto grado estudié allí. Mis padres se ocupaban de la fábrica de muebles.”

Alejandría fue fundada en el 334 a.e.c. por Alejandro Magno. Fue y es un activo puerto comercial. En la antigüedad tuvo una magnífica comunidad judía descripta ya en el Talmud. Con el paso del tiempo se fue reduciendo y hacia el siglo XX no había más de 50 judíos en la ciudad. Antes del creación de Israel vivían más de 15.000 pero durante la guerra de la Independencia de Israel, con la derrota egipcia, la mayoría fue expulsada.

En el barrio que vivía Maisa casi no había judíos y la comunidad dejó de funcionar. Ya cuando nació Maisa la famosa sinagoga Eliahu Hanaví y su escuela no funcionaban…

En la escuela islámica que asistía Maisa estudiaba sobre la fuente del mal en el mundo: los judíos y el sionismo. “. “Aprendiamos del Corán que los judíos descendían de los monos y cerdos y que tenían cuernos, cola y una nariz grande. Inocentemente creía en eso. A pesar que en mi adolescencia pasé a una escuela cristiana copta, más tolerante,tenía una imagen satanizada de los judíos.No sabía que mis padres y abuelos tenían relación con los pocos judíos de Alejandría. Ellos me ocultaron todo contacto.”

En el 2005 la vida de Masia cambió luego que un joven tío paterno viajó en secreto a Israel, estudió en una Yeshiva y se enroló como paracaídista.Ella no sabía nada de eso.

A los pocos días de la partida secreta de su tío a Israel,fanáticos musulmanes llegaron a cerrar cuentas con la familia. “ De alguna forma grupos fanáticos salafistas se enteraron de mi tío. Una noche,durante la cena,escuchamos gritos desde afuera. Lo recuerdo hasta hoy. Miré por la ventana y vi una treintena de personas vestidas de blanco con largas barbas con teas en sus manos y gritando “ muerte a los judíos”. Mi abuelo,padre y tíos se fueron hacia la puerta trasera. Mis hermanos y mis primos subimos a un altillo. Las mujeres nos quedamos abajo con la esperanza que no nos atacarían. La turba rompió todo. Vidrios,mesas, muebles y gritaban judíos fuera. Creíamos que nos iban a linchar. A mi madre le pegaron y perdió la conciencia. Subieron al altillo y descubrieron a mis hermanos y primos. Los bajaron a los gritos. Me escondí en un cuarto y escuché disparos. Creí que habían matado a mis parientes. Lloré en silencio pero no me vieron. Luego de un tiempo eterno la turba dejó la casa. Baje y vi a mi madre tirada. Los varones buscaron a la policía que vino rápido pero no dieron con los atacantes. Luego de esa noche oscura, mi abuelo nos reunió y nos explicó por qué nos perseguían. El nos dijo friamente que eramos judíos. El mundo se derrumbó sobre mí. Todo lo que recibí en la escuela, mis amigos, la música que escuchaba; todo decía que los judíos eran inhumanos. Yo recordé que en los años de la Intifada palestina (2001-2004) participé de marchas propalestinas. Y de repente ahora yo era judía. Me tocaba la nariz para ver si estaba larga. Me miraba y pensé porque me pasaba esto a mi. Durante 15 años viví en la mentira.”

Luego del brutal ataque los padres de Masia decidieron dejar Egipto e ir a vivir a Israel. “Dejamos de ir a la escuela por temor a que nos peguen. Un tío dijo que nos debíamos ir a Israel y los abuelos estuvieron de acuerdo. Yo me enojé y pedí que me explicaran porque no nos contaron esto antes. Quería volver a mi vida anterior. Cuando me dijeron de ir a Israel imaginé lo peor : gente vestida con uniforme verde y casco; todos con armas. Ancianos barbados con largas túnicas que caminaban por la calle con cola

larga y cuernos. Era tonto pensar en eso pero era el lavado de cerebro que había recibido.

Abandonamos Egipto muy rápido. No pudimos vender las propiedades y nos fuimos solo con lo que estaba en las valijas. Viajamos vía Turquía. Estuvimos allí varios meses. Un rabino vinculado a mi tío en Israel se ocupaba de nosotros y nos orientaba sobre lo que sería la vida en Israel. De Turquía fuimos a Jerusalem y logramos alquilar una vivienda. Cambiamos de barrio varias veces. Nos resultaba muy difícil la adaptación. Vivíamos en una pequeña vivienda con pobreza y carencias. Yo quería volver a Egipto. Me juré hacerlo de grande. No me gustaba Israel y su gente. Todo lo veía mal.El mejor momento fue en el ulpán de hebreo donde había gente de toda nacionalidad. Luego nuestros padres nos ubicaron en una escuela religiosa. Me fue muy difícil. No hablaba bien hebreo y las compañeras se burlaban. Me decían “faraón, faraón “ y yo temía. Mi consuelo era que en la escuela no nos pegaban a diferencia de Egipto. Aprendí el hebreo y mejoré el árabe. Un día vino a la escuela un funcionariom del instituto Observatorio de la Comunicación Palestina. Me escuchó hablar muy bien el árabe y enseguida me ofreció trabajo en el instituto. Yo y una de mis primas empezamos a trabajar allí. Mi prima se enroló en el ejército y yo ya hace 11 años que trabajo allí. Este instituto hace un seguimiento de los medios palestinos de comunicación, aún en redes, para detectar incitaciones a la violencia que pueden inducir a atentados. Cuando empecé a trabajar tuve una profunda crisis de identidad. Era la continuación de lo que venía sufriendo pero lloraba al ver a los terroristas palestinos detenidos en las cárceles israelíes, según lo describía la TV palestina. Lloraba por lo que era su aparente sufrimiento. Hasta hace un tiempo lloraba por los terroristas palestinos. Las autoridades del instituto me decían que tenía que conocer la otra campana. Así fue como los israelíes hablaron de las acciones terroristas que hicieron los que estaban detenidos y allí entendí lo que los palestinos ocultaban. Vi también como Israel ayudó a refugiados sirios y esto terminó de concientizarme de la tendenciosidad con la que me educaron. Ahora tenía la imagen completa y no deformada.

¿Cómo ves el futuro de Israel?

Aún me cuesta entender la mentalidad de los israelíes; esa libertad tan grande en la que se manejan. Sigo pensando en como desandar mi pasado camino y construir una identidad judeo-israelí. Aún pienso en volver a Egipto pero no será posible mientras exista el fundamentalismo. Es un sueño que a veces se desvanece en mis largas jornadas de trabajo.
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