Un pueblo de Ucrania renace por el aporte de los peregrinos judíos


Uman, situado a 200 km de Kiev, es hoy el centro de peregrinación religiosa judía más importante fuera de Israel. La tumba de Rabí Nahman, uno de los sabios del hasidismo, enterrado allí en 1810,  atrae multitudes. La economía local se ve beneficiada, a pesar de la dura situación social que se vive en la Ucrania post-soviética.

En menos de treinta años, al menos  desde la caída del comunismo soviético y la independencia de Ucrania en 1991, Uman, un pequeño pueblo a 200 km de Kiev cerca de la autopista que une Kiev con el puerto de Odessa, se ganó el justo título de "atracción de multitudes". Algunos ucranianos juran que vieron en sus calles al cineasta Steven Spielberg y a la cantante Madonna, posiblemente por el auge de la New Age que en la década de 1990 difundió enseñanzas de la Cábala hebrea y su legado místico. En 1996 llegaban 4.500 peregrinos por año, pero en 2018 fueron más de 40.000 fieles y la cifra crece año tras año. La mayoría llega con el ritual de las celebraciones del Año Nuevo judío ante la tumba del célebre místico hebreo Rabí Nahman de Bratslav (1772-1810).

Los estudiosos del Hasidismo, el movimiento pietista hebreo que se desarrolló en Ucrania entre los siglos XVIII y XIX en oposición a la antigua tradición rabínica, ubican a Rabí Nahman entre los más valorados pensadores del misticismo judío. Sus célebres cuentos, que para algunos anticipan las narraciones de Franz Kafka, han sido estudiados por expertos como Gershom Scholem en su libro "Las grandes tendencias de la mística judía". También lo valoraron escritores como Samuel Agnon Elie Wiesel y Martin Buber, entre muchos otros.

Se dice que entre otras frases, Rabí Nahman habría dicho a sus fieles: "Coman, beban, duerman, recen, canten y bailen o no hagan nada de todo eso, pero vengan a estar conmigo en Año Nuevo". Sus fieles no eran muchos en 1811 porque a diferencia de otros líderes del Hasidismo, él no eligió sucesores. Por eso se habla de los seguidores de Rabi Nahman designándolos "los hasidim muertos", ya que siguen las enseñanzas de un líder ausente. Era riesgoso visitar su tumba en la época soviética y, conviene recordarlo, esta región de Ucrania fue uno de los escenarios del Holocausto entre 1941 y 1944. No solo eso, Nahman era un gran viajero -estuvo en Tierra Santa y conocía las capitales europeas- pero optó por radicarse en 1768 en Uman, solidario con los judíos masacrados allí en esa época.

Lo cierto es que hacia 1989 según el diario The New York Times, apenas 5.000 personas seguían a Nahman en el mundo. La mayoría vivía en Israel, sobre todo en el barrio de los judíos ortodoxos en Jerusalén. La situación cambió mucho desde entonces.

El efecto de estas peregrinaciones en la economía y la vida cotidiana en Uman no es menor. La céntrica calle Pushkin en Uman abunda en negocios de comida kosher, tiendas de recuerdos, restaurantes, nuevos hoteles y sinagogas, también edificios de departamentos cuyas piezas se alquilan por pocos días. Según el diario Times of Israel, las autoridades municipales de Uman ya hablan de la reapertura de un viejo aeródromo militar de la época soviética, para facilitar la llegada de peregrinos.

Alquilar una habitación en un edificio de departamentos, cuesta en promedio casi veinte dólares por noche, eso es una pequeña fortuna en Ucrania. Una semana de oración y paseos en Uman implica gastos de hasta 1.500 dólares por persona. Es un gasto que beneficia a las agencias de viajes, a las empresas de ómnibus, hotelería y restaurantes.

Hoy se ven policías ucranianos y guías dispuestos a trabajar como mediadores culturales y lingüísticos, entre los viejos edificios de la época soviética. Se ven largas colas de fieles que buscan el santuario donde está la tumba de Rabí Nahman o se reúnen a rezar en grupos en la sinagoga de su preferencia. Es que hay sinagogas para todos los gustos. Los ortodoxos Jabad Lubavitch que son devotos de su líder Menahem Mendel Schneerson, tienen su templo. También tienen el suyo los fieles de Ovadia Yosef, el rabino nacido en Irak y líder de los sefaradíes en Israel, quien en vida era un severo opositor a este peregrinaje. Incluso hay un comedor comunal abierto en memoria de Rabi Joel Teitelbaum, líder del grupo hasídico antisionista Satmar. Casi dos tercios de los peregrinos son israelíes aunque no necesariamente judíos ortodoxos. El resto llega desde Estados Unidos, Francia e Inglaterra, o de países de la cuenca del Mediterráneo.

El pico de visitas ocurre en los meses de septiembre o en octubre, cuando se celebran las "altas fiestas" hebreas de Rosh Hashaná (año nuevo) y Yom Kipur (día del perdón). Según el diario israelí Haaretz, en 2018 hubo 80 vuelos de la aerolínea El-Al en esos días entre el aeropuerto israelí Ben Gurion y el de Borispol, en Kiev. Se sabe que al menos 22 oficiales de policía de Israel, uniformados, se desplegaron discretamente en Uman junto a oficiales del servicio secreto israelí. Es un acuerdo de seguridad entre Ucrania e Israel que rige desde la década de 1990, igual que un servicio de guías y traductores.

Notablemente, en Uman se ven judíos llegados de Marruecos y Túnez, de Brooklyn o París, de Berlín y Jerusalén. En su mayoría son hombres, pero el dato es que muchos de ellos no siempre optar por ir a una sinagoga. Como escribe el periodista Anshel Pfeffer en el diario israelí Haaretz, el fenómeno que ocurre en Uman muestra "una religión sin rabinos, sin autoridad rabínica, tal vez por eso 40.000 judíos abandonan a su familia en Año Nuevo y vuelan en avión a Uman". Muchos de los que vienen no siguen los preceptos del hasidismo y acaso nunca lo harán. Ellos vienen porque "este es un lugar donde cualquier judío puede venir y ser aceptado, es una zona donde no se juzga al otro". Acaso el viaje a Uman sea vivido por algunos como una nueva versión del festival de Woodstock. Habrá quien se emocione al oir los rezos y cantos y el sonido del shofar (cuerno de carnero) que llega desde una sinagoga. Otros, como un acto de penitencia, tirarán sus teléfonos celulares al río Umanka y recordarán la promesa de Rabí Nahman, quien dijo: "aquel que venga a mi tumba y diga estos diez salmos aquí y dé limosnas de caridad en mi nombre, aunque sus pecados sean grandes, Dios no lo quiera, yo trataré de esforzarme para redimirlo y lo sacaré del infierno tirando de sus cabellos".

Otros peregrinos escribirán diarios de viaje, como el estadounidense Gideon Lewis Kraus lo hizo en The New York Times. Y es seguro que no faltará quienes se deleiten leyendo los enigmáticos relatos de Rabi Nahman, por caso, su famoso "Cuento de los siete mendigos" . Sus cuentos son sagrados para los fieles creyentes, pero también pueden apreciarse como maravillosas ficciones literarias.

Fuente: Clarín
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