Janucá. La primera lucha por la libertad religiosa. Por Mario E. Cohen


Desde el 2 de diciembre al anochecer hasta el 10 del mismo mes, enormes candelabros de Janucá pueden observarse en varias plazas porteñas, del interior del país y de América Latina. Lo mismo ocurre en urbes tan lejanas entre sí como Nueva York, Moscú, París, Madrid,  Roma, Berlín, Ámsterdam, Jerusalén, Ciudad del Cabo  y Sydney. Es que, en estos días, los judíos festejamos la Fiesta de las Luminarias.

¿Cuál es el significado de esta celebración, llamada en hebreo Janucá? Literalmente, el vocablo significa inauguración y evoca la primera lucha por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Un hecho acontecido hace casi 22 siglos atrás y que sigue teniendo vigencia como una voz de alerta contra toda tiranía.

Hacia el año -169 el sangriento dictador greco sirio  Antíoco IV  gobernaba sobre Israel. Se propuso helenizar por la fuerza a los judíos. Así se atrevió a dedicar el sagrado Templo de Jerusalén al dios griego Zeus, prohibió las festividades, la circuncisión y la lectura de la Torá. La situación llegó al extremo  –se comenta que - “El Templo estaba lleno de desórdenes y orgías por parte de los paganos que holgaban con prostitutas e… introducían allí cosas prohibidas”  (I Macabeos, VI, 2 al 5).

Ante el atropello los hebreos se enfrentaron contra el tirano. Finalmente, de la mano de un gran estratega, Yehudá (Judá)  Macabí o Macabeo, los judíos  entraron victoriosos al Templo de Jerusalén, destruyeron el altar pagano y purificaron los utensilios profanados. El 25 de Kislev del año 165 (a.E. C.) encendieron por primera vez en muchos años el Candelabro. Aquí ocurrió lo que la tradición llama el milagro de Janucá, la vasija que contenía aceite para un día alcanzó para los ocho días.

¿Cuál es el motivo de estos encendidos públicos? ¿Cuál es la razón del dar vida a la luz? La Fiesta de las Luminarias invita al pueblo hebreo al encendido,  durante ocho días, de candelabros para transmitir la luz, para reproducirla, para hacerla propia. El objetivo es iluminar y expresar las gracias por el mérito de haber llegado a este momento. Es interesante señalar que se trata de encender una pequeña luz, tenue y débil, humilde y frágil, pero que no pudo ser extinguida por ningún déspota en más de dos milenios. La tradición judaica sostiene aquello de  que “un haz de luz tiene el poder de disipar una enorme oscuridad”.

Para finalizar: Janucá, en una visión moderna, también celebra los derechos de las minorías a ser diferentes, a expresar sus sentimientos y a practicar sus costumbres y tradiciones. Nuestra época se caracteriza por la globalización, un proceso que trae como consecuencia la pérdida de la identidad y del lenguaje de las minorías. La tendencia unificadora es avasallante. En la actualidad, a veintidós siglos de los hechos, judíos y otras minorías se ven amenazadas por una pérdida de identidad. Esperamos que Yehudá Macabí vuelva a triunfar sobre los Antiocos de hoy.

(*) El autor es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí, CIDICSEF.

Fuente: Valores Religiosos
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