Nosotros ya ganamos hace 5779 años. Por Alan Benchoan


¿Cómo explicarle a alguien que no le gusta el fútbol, lo trascendental de la final de la Copa Libertadores entre River y Boca? ¿Cómo entender que no solo se define la copa más importante del continente y contra el clásico rival, sino que es solo un partido de fútbol? ¿Cómo poder explicarle a una persona que no es Argentino lo que se vive en un River vs Boca? Incluso una persona que no nació en Sudamérica, que no entiende cómo se vive el fútbol de este lado del mundo, o peor aún ¿Cómo explicarle a alguien de otro planeta que se para el país; que la gente no sale de sus casas desde varias horas antes para “prepararse”?

Para poder responder todas estas preguntas, debemos entender al fútbol, y sobre todo al Superclásico, como lo que es: UN EVENTO DEPORTIDO DONDE SE JUEGAN 2 PARTIDOS DE 90 MINUTOS, DONDE UN EQUIPO GANA (Y EN ESTE CASO SALE CAMPEÓN) Y OTRO EQUIPO PIERDE.

El pueblo judío vive todas esas sensaciones una vez por semana. Y no por un equipo de fútbol (incluso el título de la nota es para los simpatizantes de ambos equipos, y para todos los participantes de cualquier deporte, o cualquier fan de un grupo de música) HACE 5779 AÑOS D´S CREO EL SHABAT.

El séptimo día de la creación, D's decide descansar. Ese día el “Shabat”, pasa a ser el día más sagrado para todas monoteístas de la tierra, como un día de descanso, de introspección y de cesar las actividades diarias y mundanas para dedicarse a lo espiritual. Le da un cierre a su Creación, paradójicamente creando lo más sagrado “El descanso”. Y con el correr de los años, los pueblos tomaron su Shabat, en otro día pero con las mismas intenciones: descansar de las labores diarias. La religión católica adoptó el día domingo y la árabe el viernes.

Entonces, podemos responder a las preguntas iniciales con solamente la palabra: “Shabat”.

Shabat es más trascendental que cualquier partido de fútbol; vivirlo en cenas y almuerzos en familia y amigos cantando alrededor de la mesa, ver en el Templo sentados juntos a padres e hijos, entre otros, para disfrutar de una hermosa tefila; la preparación de cada familia, en cada casa el viernes para recibir shabat y abandonar todas las cosas materiales (aparatos tecnologícos por ejemplo) para dedicarnos a lo espiritual que solo nos desconectan de nuestro hermoso descanso.

Shabat, para todo judío, debe ser el máximo exponente de nuestra tradición. Su importancia es mayor a cualquier evento deportivo y tenemos que vivenciarlo para entender que nada (ni siquiera una increíble final de Libertadores como la de este año, entre River y Boca), puede quitarnos lo más preciado. SHABAT
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