La barbarie organizada. Por Beatríz de Rittistein


A mediados de marzo, el mundo civilizado vio con horror la matanza de fieles musulmanes durante el servicio del viernes, en dos mezquitas de Nueva Zelanda, perpetrada por un supremacista blanco. Las muestras de solidaridad de diferentes países, religiones y organismos se multiplicaron. Las organizaciones judías de todo el mundo reaccionaron con gestos de apoyo fraternal.

Los judíos hemos sufrido incontables ataques terroristas, muchos se cometieron en sinagogas, por lo que comprendemos ese dolor, nos adherimos a los sentimientos de las víctimas y nos estremece una profunda preocupación por la barbarie que se ejecutó.

De los numerosos ataques, tenemos en la memoria el primero perpetrado contra la sinagoga Neve Shalom en Estambul, en septiembre de 1986, durante las oraciones de Shabat, cuando dos terroristas palestinos abrieron fuego, asesinando a 22 judíos. El segundo ataque a la misma sinagoga fue reivindicado por un grupo islamista; también ocurrió un sábado, en noviembre de 2003, cuando dos vehículos estallaron simultáneamente, cobrando la vida de unas 20 personas.

No obstante, los movimientos que se dedican a promover el odio antijudío, como la Federación Palestina de Chile, al enterarse que el terrorista australiano, Brenton Tarrant, había estado en Israel, manipularon el asunto y por las redes sociales sugirieron que allí había ideado su crimen, en un intento de achacárselo a los judíos. Sin embargo, Tarrant viajó por varios países, entre ellos: Serbia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, España, Francia y Portugal; al parecer en Ucrania entró en contacto con un grupo de neonzais. Además, estuvo en un país de mayoría islámica: Turquía, desde donde viajó a Israel; según informes, en el aeropuerto Ben Gurión, Tarrant recibió la autorización para visitar Cisjordania, donde permaneció nueve días.

Precisamente, ese tipo de campañas calumniosas como las que, con frecuencia, encabeza dicha federación, son las que incentivan los crímenes basados en la intolerancia. Los movimientos extremistas son capaces de concretar tales ataques; en paralelo a la violencia de la supremacía blanca como fue el caso de la embestida a las mezquitas neozelandesas, están los golpes de la ultra izquierda y del islamismo radical.

Fuente: El Universal
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