Netanyahu: tocado, pero no hundido


El primer ministro, Benjamín Netanyahu, quedó tocado, pero no hundido, después de que la Fiscalía anunciara su intención de acusarlo en tres casos de corrupción cuyas investigaciones arrastraban desde hace más de dos años.

El anuncio dejó seriamente tocada la imagen del mandatario conocido como “Bibi” y redujo en las encuestas la intención del voto a su partido, el Likud, aunque no de forma drástica (de 29 a 25 escaños).

Sin embargo, prácticamente todos sus socios de coalición de gobierno defendieron su presunción de inocencia y se comprometieron a mantener su apoyo y recomendarlo para formar Ejecutivo tras las elecciones del próximo 9 de abril.

No así las principales formaciones de centro e izquierda, entre ellas la nueva coalición Azul y Blanco (formada por el recién creado partido Resiliencia Israelí, del ex jefe del Estado Mayor Benny Gantz, y Hay Futuro [Yesh Atid]), el pacifista Meretz y el laborismo, que pidieron su dimisión y que, con el cambio de previsiones a solo 40 días de los comicios, ven cada vez más posible que gobierne.

El daño aún no está acabado: ayer se difundieron las 57 páginas de la decisión del fiscal general, Avichai Mandelblit, pero aún no han salido a la luz los materiales jurídicos, con más de 5.700 páginas, testimonios y cientos de horas de audio grabadas, que podrían filtrarse en los próximos meses, dañando aún más la credibilidad del mandatario israelí.

Las acusaciones -de cohecho, fraude y abuso de confianza- son sobre sospechas de que Netanyahu habría intercambiado o intentado intercambiar favores a empresarios a cambio de caros regalos (caso 1.000), cobertura positiva en un diario (caso 2.000) o en un popular digital de noticias (caso 4.000).

El texto del fiscal pinta un primer ministro "víctima de su cochino hedonismo, su patológico puño apretado y su inagotable aspiración de más poder", definía Ben Caspit en el diario Maaariv.

No menos duro era en el Haaretz el analista Aluf Ben, que aseguraba que el documento "presenta a Netanyahu como realmente se comporta tras las puertas cerradas de su oficina y residencia oficial: como un avaro codicioso movido por una irrefrenable lujuria por el poder".

El duro texto del fiscal afirma sobre el caso 1.000 que "hay suficientes pruebas para demostrar que los regalos, entregados a gran escala y de forma inusual, fueron recibidos a cambio de acciones de Netanyahu", respecto a los carísimos puros, champán, joyas y viajes por valor de unos 300.000 dólares recibidos del productor de Hollywood Arnon Milchan.

Y afirma que las conversaciones grabadas con Arnon Mozes, dueño del diario Yediot Aharonot, en el caso 2.000, indican que Bibi "violó la confianza que debe a la gente y dañó gravemente la imagen del servicio público y fe del público en este".

Le acusa además de abusar de su autoridad para beneficiar los intereses de su familia y de "corromper a funcionarios públicos" que trabajaban para él.

Respecto al caso 4.000, el texto asegura que "ha llegado a la clara conclusión de que había motivos corruptos e inapropiados en el centro de las acciones de Netanyahu".

Mandelblit no ha tomado su decisión a la ligera: la investigación lleva en marcha cerca de tres años, se ha interrogado al primer ministro durante horas en más de una decena de ocasiones, se ha tomado testimonio a 140 testigos, consultado con más de una veintena de fiscales y expertos legales, la Policía recomendó acusar y los fiscales jefes escribieron un informe de 800 páginas de conclusiones acusatorias.

Pero el golpe a Bibi no es mortal.

El anuncio de acusación no le obliga a dimitir; es más, aún no es definitivo: la acusación tendrá lugar solo después de una audiencia (vista) que podría llevar meses y en la que este podrá hacer alegaciones.

Según el Instituto de Democracia de Israel, en el 41 por ciento de los casos tras anunciarse una imputación esta se cae tras la vista, aunque el porcentaje baja mucho cuando, como en este caso, la investigación policial estuvo acompañada de un fiscal.

Tras la vista, la Fiscalía puede tardar entre dos y cuatro meses para pensar su decisión definitiva, un periodo en el que también puede llegar a un acuerdo con el sospechoso como, por ejemplo, abandonar la jefatura del Gobierno a cambio de una condena sin pena de prisión.

Bibi puede de momento seguir siendo candidato, puede incluso ganar las elecciones y que el presidente del Estado de Israel, Reuven Rivlin, le encargue formar gobierno si sus socios obtienen suficientes votos y mantienen su compromiso de apoyo.

Ni siquiera está obligado a dimitir cuando la acusación sea firme. Sin embargo, es posible que el Parlamento (Knéset) o la Corte Suprema le reclamen dimitir, para evitar que como jefe del Gobierno ejerza poder sobre el Ministerio de Justicia.

El sitio digital Mako sugiere que Netanyahu podría solicitar a sus potenciales socios de coalición como parte del pacto de gobierno que se comprometan a apoyar una ley que prohíba la investigación de un primer ministro en activo o una norma que impida quitar la inmunidad hasta que un diputado acabe su mandato.

Bibi podría también abandonar temporalmente el cargo y delegar en alguien de su partido, entre los que los favoritos serían Israel Katz y Gideon Saar, aunque su salida también podría provocar una "guerra de sucesión" en el Likud.

Si finalmente se lleva a cabo, los expertos calculan que un juicio a Netanyahu podría prolongarse varios años (el del ex primer ministro Ehud Olmert, por corrupción, que cumplió 16 meses de prisión duró cuatro).

Además, el primer ministro podría volver a serlo incluso si fuese condenado, siempre que no se le sentenciase por delitos de la denominada "depravación moral", y podría además apelar cualquier decisión judicial en la Corte Suprema.

Un largo camino en el que Netanyahu podría continuar liderando Israel, como lleva haciendo una década.

Fuente: Aurora / EFE
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