Las elecciones de Israel, un referéndum sobre la década en el poder de Benjamin Netanyahu

El primer ministro israelí se juega su cuarto mandato consecutivo en estas elecciones, mientras los sondeos auguran la victoria para la coalición Azul y Blanco


Por Sal Emergui

En Israel no hay tradición de celebrar una jornada de reflexión antes de los comicios. Este lunes, sin embargo, hubieran sido necesarias unas horas de introspección tras intensas semanas de crispación y acusaciones. La campaña electoral en la que el ataque personal ha sustituido a la batalla ideológica finaliza este martes, cuando 6.339.279 israelíes se citan con las 10.720 urnas.

Se trata de un referéndum sobre el primer ministro que cumple una década en el poder. “Es Benjamin Netanyahu, ¡estúpido!”, es la base del apasionado debate que ha polarizado aún más la sociedad israelí. Todo gira en torno a su figura, legado, mensaje, estilo, relación de amor y odio con los medios, protagonismo de su esposa Sara e hijo Yair y la imputación previa audiencia por corrupción.

Capaz de provocar encontrados sentimientos, Netanyahu aspira a gobernar por cuarta vez consecutiva desde que en 2009 perdió en votos (un escaño menos) ante Tzipi Livni, pero ganó en parlamentarios para gobernar. Diez años después de su última derrota y con un amigo en la Casa Blanca (Trump) en lugar de un rival (Obama), Bibi tiene más experiencia y olfato de supervivencia, pero se enfrenta a una candidatura más poderosa: tres ex jefes del ejército encabezados por Benny Gantz y un político lideran un bloque heterogéneo, cuyo eslogan oficial es “Israel por encima de todo” y el oficioso “unidos para acabar con 13 años de mandato de Netanyahu”.

“Somos profundamente de centro, con un mensaje institucional y conciliador que viene a corregir el discurso de división y miedo que usa Bibi para seguir en el cargo”, dice a EL MUNDO Yair Lapid como número dos de Gantz tras pactar un acuerdo de rotación. Su objetivo es desmarcarse de la lucha entre izquierda y derecha, de la que tanto rédito ha sacado Netanyahu desde que fuera elegido en las primarias del Likud en 1993.

De ahí que los colores de la bandera de Israel conformen el nombre de Azul y Blanco en el que fluyen corrientes contradictorias. Un ejemplo. Algunos dirigentes de la lista de Gantz piden abiertamente la creación del Estado palestino y la evacuación de colonias y otros advierten que es “peligroso e irreal”. Una oferta variada que se mantiene en la estantería porque tiene como pegamento el enemigo común: Netanyahu. Le acusan de erosionar la democracia por “dar espacio a los radicales para seguir en el poder” y criticar a los agentes, fiscales y periodistas.

Con un 15% de indecisos, los sondeos auguran victoria para Gantz y Gobierno para Netanyahu. En otras palabras, Azul y Blanco se perfila como la lista más votada, pero el bloque derechista daría la llave de la coalición a Netanyahu. En una oleada impresionante de entrevistas de última hora pide el voto de toda la derecha para evitar que Gantz sea el más votado. En tal caso, teme que el presidente Reuven Rivlin le encargue la formación del Gobierno, aunque ningún sondeo le da esta opción. El peligro de esta táctica es que un Likud muy grande puede implicar que algunos socios potenciales no lleguen al necesario 3,25% de los votos.

La clave puede estar en manos del ultranacionalista del pasado y libertariano del presente Moshé Feiglin, cuyo partido exige legalización de cannabis. Otra pregunta es si los electores árabes votarán en masa para bloquear una nueva coalición de Netanyahu.

Con tantas discrepancias, hay consenso en que quien reciba el encargo de formar Gobierno sufrirá mucho. Netanyahu y Gantz luchan para disponer de esta pesadilla, ya que, si se compara con la alternativa, es un sueño. Sobre todo para el líder conservador que deberá luchar también para evitar un juicio por corrupción en el 2020.

Fuente: ElMundo.es
Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario