IOM HAATZMAUT: MILENIO, MODERNIDAD, RELIGIOSIDAD Por Natalio Steiner




Si bien el Israel moderno cumple 71 años es imposible no comparar el estado judío renacido con la China milenaria.
En ambos casos se trata de civilizaciones antiguas, renacidas, pero que presentan rasgos comunes y no pocas asimetrías.
Es por eso que Israel no debe ser evaluada solo por lo que carece sino por como llegó hasta donde llego. No nos quedemos solo con las acusaciones contra Netaniahu y su posible juzgamiento o por el caos de la política domestica. Detrás de las bajezas subyace un estado vigoroso, con mucha ayuda para y entre sus habitantes, aún en medio de conflictos no fáciles de resolver.
Para entender el dinamismo y la pujanza de Israel hay que remontarse a la historia del pueblo judío, su religión, su idioma, literatura y costumbres.
China e Israel supervivieron en el tiempo y crearon esplendidas civilizaciones pero de inmediato pueden visualizarse las diferencias: los chinos nunca fueron expulsados de su tierra o completamente sometidos. Los conquistadores que incursionaron en China fueron absorbidos por el transcurso de la historia. China sufrió catástrofes pero nunca fue destruída ni su población exilada. En contraposición, gran parte de la historia judía se desarrolló fuera de Israel. Hubo dos grandes exilios, destrucción de templos y una cantidad de otras desgracias nacionales.
El pueblo judío busco y busca donde descansar sus pies y no pocas veces imaginaron que la diáspora ocasional a la que llegaron posibilitaría aceptarlos. Los judíos aportaron a las sociedades, fueron buenos patriotas hasta que volvían a echarlos  y otra vez a buscar otro lugar. En vano. La diáspora no da descanso al judío. Vive en ella en tensión.
Aún no entiendo muy bien como se puede vivir en un país con 1300 millones de habitantes. Si Israel no hubiese perdido la independencia a manos de los romanos hoy habría varios millones más de judíos de los que hay. Pero la mayoría del pueblo judío se hundió en las brumosas diásporas y se atomizaron en la sociedades.
Hace algo más de 70 años fue exterminado 1/3 del pueblo judío. Es una huella en la psiquis judía. Las diferencias demográficas entre ambos pueblos son notables y crean lo que se puede denominar “ una psicología nacional “. Es importante ver en la realidad israelí esa diferenciación, No pocas veces escuchamos cantos de sirenas  de diversos países del mundo. Y también de no pocos israelíes que se consideran soberbiamente por encima de otros judíos. Es el mismo canto de sirenas que escuchó Ulises en La Odisea. Las sirenas querían seducir a los marinos con su belleza para luego matarlos. El mismo Ulises quiso escuchar el canto y se ató a un mástil mientras la tripulación remaba con los oìdos tapados. Así pudo salvarse de un destino aciago. No parece serio que el mundo le diga a Israel que se deje seducir por ciertas sirenas poniendo en riesgo su seguridad en un Medio Oriente cada días más salvaje.
¿Qué es lo que hizo que el pueblo judío disperso se aferrara a esta tierra indómita y pedregosa? ¿ Por qué no desapareció como otro pueblo ?  ¿ Qué llevaría a muchos judíos a dejar sus países emancipados y llegar a esta tierra que solo conocieron por la Biblia Hebrea ? .
Luego de la destrucción del primer templo ( -586) los judíos exilados a Babilonia quedaron desmoralizados. Era el primer exilio forzoso y pensaron que desaparecerían.  “ Se secarán nuestros huesos y perderemos nuestras esperanzas “, le dijeron al profeta Ezequiel que vivió entre ellos. El profeta los alentó y les dio la famosa profecía de la hondonada de huesos secos que comienzan a regenerarse. El judaísmo vio en esto un indicio más de la llamada resurrección de los muertos. El sionismo religioso le agregó a esta interpretación la resurrección nacional del pueblo judío. En 1948 es una etapa en ese largo proceso. “Estos huesos “,dice Ezequiel, “ son la casa de Israel. Yo abriré las tumbas y los llevaré a la tierra de Israel y les daré vida y se asentarán sobre vuestras tierras”, profetiza Ezequiel. Hay esperanzas. Solo resistan.
Y los judíos resistieron sin olvidar a Jerusalem.  Aún en momentos difíciles Israel y Jerusalem quedaron sellados en la memoria colectiva, en su literatura sagrada  y laica; en sus costumbres y  tradiciones; en sus duelos y alegrías.
Se conoce a los judíos como “el Pueblo del Libro “. Ese nombre se lo pusieron los musulmanes. Eran otros tiempos. La Biblia influyó sobre el mundo occidental. Pero lo judíos no se quedaron solo con la Biblia. Hay sobre ella millones de palabras que formaron libros o textos y que conformaron una suerte de patria sustituta.
El retorno a Israel permitió traer ese mismo caudal cultural y religioso. Esos libros no duermen en estantes de algún museo de una cultura extinguida sino que con matices se respiran en la Israel cotidiana, escritos en el mismo pero renovada lengua hebrea que Ezequiel escribió.
El Israel que yo vivi hace unos meses es solo la punta de un iceberg de un fenómeno histórico y cultural y  espiritual que no dejará de crecer a tasas chinas cueste lo que cueste y pese a quien le pese.



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