La palestinización de la política chilena


“Lágrimas de cocodrilo” es una expresión usada en Chile que se refiere a alguien que hace como que sufre por algo, pero en realidad sólo finge ese sentimiento. Fue lo primero que se me pasó por la cabeza al leer las declaraciones de la ex candidata presidencial de Chile, Beatriz Sánchez, en su visita a la Autoridad Palestina.

Referencias a sus experiencias en dictadura, curioso porque yo soy de la misma generación de viñamarinos donde ella brilló por su ausencia en la lucha antidictatorial.

Experiencia democrático-mística que no tuvo ciertamente, para referirse a las violaciones de derechos humanos en Venezuela, ahí su empatía fue con la Revolución Bolivariana.

Curioso esto de las “Lágrimas de Cocodrilo”, porque es contagioso. La mayoría de los políticos chilenos que visitaron Ramalla y Hebrón en los últimos días, invitados por las entidades “Federación Palestina de Chile y la “OLP”, fueron de partidos de derecha.

Quién se habría imaginado nunca que el partido que lideró la lucha contra el comunismo en Chile durante tanto tiempo, llegue a Ramalla a reunirse con Ayman Odeh, el Presidente del Partido Comunista de Israel, para encontrarse en emocionado abrazo. Un mar de lágrimas de cocodrilo.

¿Jacqueline Van Rysselberghe, la presidente del partido UDI, unida al comunismo árabe?

Pero Odeh era sólo el aperitivo que tenían preparados los palestinos, venía el plato fuerte. Los líderes de partidos de gobierno y una ex candidata presidencial, embelesados escuchando al ícono del antisemitismo de los tiempos modernos, Omar Barghoutti, que niega constantemente el derecho de existir de Israel, que inventó la analogía del apartheid, que planificó el nuevo antisemitismo del BDS, y que banaliza constantemente el Holocausto (Shoá)

Lágrimas de cocodrilo, porque justificaron su viaje al Medio Oriente para “entender la realidad de la zona”, pero se reunieron con un solo lado. Ni siquiera quisieron escuchar a los chilenos israelíes, porque “no se condecía con el espírirtu de la visita”.

Ah, bueno, si con Odeh que es miembro del parlamento israelí, el mismo que ellos acusan de “apartheid”; ¿Parlamentarios árabes en un país de “apartheid”?

Tampoco se entiende eso de que no se podían juntar con israelíes, si se juntan con un israelí-árabe, pero con los chilenos no. Quizás el limitante es “no juntarse con judíos”,

Pero las lágrimas más grandes las soltaron en Hebrón, la zona más conflictiva a la que se puede acceder, ahí fueron, como una crónica anunciada, con los periodistas de La Tercera listos para el “Gran Show”. Aunque todos les dijeron que no fueran, que era una provocación, que era Ramadán... Fueron.

Y saltó la oportunidad; una colona israelí, una mujer sola contra un grupo de varios hombres palestinos, los honorables chilenos y Sánchez.
La mujer les grita en inglés y ellos “se sienten acosados”, el lagrimeo aflora para las cámaras.

Y claro, cuando llegan los soldados para calmar la situación y les piden identificación, porque ellos, a pesar de ir escoltados por un diplomático chileno, no dieron aviso a la Autoridad Israelí (que administra la sección H2 de Hebrón), de que van en comitiva a visitar una Zona Restringida.

Lágrimas de Cocodrilo, porque cuando son insultados en Chile por los estudiantes o los trabajadores, eso no los roza. Lágrimas de Cocodrilo, porque el terrorismo en la Araucanía los conmociona, pero el terrorismo árabe les parece justo, y no dudan en sentirse cautivados por el cuento de Barghouti.

Esta semana, vivimos una fuerte ola de calor en la zona, hay más de 40 grados y palestinos e israelíes sufrimos el inclemente calor, pero estos turistas pronto se van, con el rol de cuentacuentos y un pañuelo para secarse las lágrimas del rostro.

Los que quedamos aquí, seremos los que sufriremos las consecuencias de este show, porque al final, se sacaron las fotos, se ganaron los votos y los presupuestos de campaña que necesitaban, pero no aportaron un grano en hacer la paz entre nuestros pueblos.
Y por supuesto, no aportaron en nada a la seguridad de los miles de ciudadanos chilenos que vivimos en Israel, que simplemente no les importó.

Lágrimas de Cocodrilo señores, nada más, vergüenza ajena es la sensación provocada, tratando de engañar a la gente con un teatro burdo y falto de talento, a costa de los impuestos de todos los chilenos, a costa del buen nombre de Chile, a costa de los intereses de Chile.

Lágrimas de Cocodrilo, como una obra surrealista con actores chilenos y dirección palestina, anunciando un próximo estreno en los medios de comunicación del empresario chileno-palestino Álvaro Saieh.

Por Hernán López
Director Ejecutivo de la Comunidad Chilena de Israel

Fuente: Aurora
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