“La pistola de Langer”, por Alfredo Leuco

El nuevo editorial de Alfredo Leuco para “Le doy mi Palabra”.


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Sergio Langer fue contratado para ilustrar las notas de la revista oficial de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, cuya decana es Carolina Mera. La publicación se llama “Espoiler” y tiene una bajada que dice: “Sabemos cómo termina”.

Sergio Langer perpetró uno de sus múltiples dibujos el 25 de octubre de este año. Juega con una especie de afiche de una película llamada “La bala de plata”. Arriba de todo aparece el siguiente texto: “Nisman Entertainments Presenta”. Hay una bala de un lado y del otro, un gusano con la cara del fiscal asesinado Alberto Nisman.

Abajo, como si fuéramos los protagonistas de ese film tenebroso, están Luis Majul, Jorge Lanata, Alfredo Leuco, Luis Novaresio y Nicolás Wiñazky, por orden de aparición.

Sergio Langer le dibujó una pistola a Majul y se la puso apuntando a su cabeza, en el típico gesto del suicidio. Estamos todos muy juntos y Majul dice: “¡No hay salida individual!”, obviamente sugiriendo que el suicidio sea colectivo. Y como si esto fuera poca atrocidad repugnante, al final de este esperpento está la frase: “La salida es colectiva”.

Traté de contar por radio un mamarracho complejo y esa tarea no es fácil, pero creo que se entiende. Por las dudas lo vamos a subir a mi twitter para que todos lo vean. Esa caricatura no es todo. Al comienzo de la nota hay otra ilustración que muestra a un grupo de soldados de la Alemania de Hitler y yo estoy encabezando esa despreciable imagen.

Esto también lo vamos a subir a la red para que todo el que quiera lo pueda certificar.

Sergio Langer, al que nunca vi en mi vida pese a que trabajó en Clarín, al parecer es una persona muy inteligente. Y como yo soy un tonto que no entiende nada, me voy a permitirá hacerle algunas preguntas al aire.

Sergio Langer: ¿Qué este periodista que le habla aparezca con un uniforme y casco nazi, no le parece una banalización del Holocausto? ¿No cree que es una brutalidad expresar su desprecio hacia mí apelando a la Shoa, el genocidio más grave de la historia que eliminó a 11 millones de judíos, comunistas, gitanos, y homosexuales, entre otras minorías?

Yo a usted lo considero una gotita de nada, pero jamás se me ocurriría compararlo con Joseph Goebbels. Es inhumano e inmoral humillar a las víctimas y utilizarlas para cualquier insulto. Yo sé que no es la primera vez que lo hace.

La editorial Planeta le publicó un libro llamado “Judíos”, donde entre otras basuras, usted publica a un prisionero en un campo de concentración con el traje a rayas, la estrella de David amarilla en el pecho y con el número de su teléfono celular grabado en el antebrazo.

Esos números eran la forma de deshumanizar y convertir en parte de una planilla a los que en su mayoría murieron en los campos de exterminio y las cámaras de gas. Tengo tres tías abuelas, Frida, Pérele y Pola que estuvieron en Auschwitz y le aseguro que ese número tatuado eran condenas a muerte.

Sergio Langer: hablando de muerte. En el dibujo donde estamos todos los periodistas hay otras cuestiones que no entiendo por mi poca materia gris y quería consultarlo. ¿Usted cree que el fiscal Nisman fue un gusano? ¿No cree en el magnicidio que peritos absolutamente rigurosos confirmaron?

¿Por qué se habría suicidado unas horas antes de denunciar el pacto de encubrimiento con los terroristas de estado que volaron la AMIA y que responsabilizaba a Cristina Fernández de Kirchner? Supongo que habrá leído que hasta el propio presidente consagrado, Alberto Fernández dijo por televisión que su actual vice, Cristina había firmado el pacto como forma de encubrimiento de los criminales?

Insisto: no lo digo yo. Lo dijo Alberto Fernández. Pero permítame seguir con las preguntas. En su caricatura usted sugiere que todos esos periodistas nos vamos a suicidar colectivamente? ¿O es solamente una expresión de deseo de que eso ocurra? Seguramente me odia y odias mis ideas políticas, pero apelar a una pistola y a la posibilidad de la muerte no es el mejor camino democrático.

Vivimos un genocidio en la Argentina a manos de los terroristas de estado entre los que estaba, César Milani, el general preferido de Hebe y Cristina. ¿Usted se atrevería a ponerle un uniforme nazi a Milani o cree que fue un militar nacional y popular que no vió ni uno solo de los miles de desaparecidos como el soldado Agapito Ledo, entre otros?

Le cuento que yo no le deseo la muerte ni el suicidio a nadie. Solo deseo la muerte de la pobreza, el hambre, el autoritarismo, el odio discriminador y la corrupción. Pero no quiero que muera nadie. Ya murieron demasiados argentinos.

Me enteré que en la Facultad de Ciencias Sociales hay un escándalo grande con todo esto. Las máximas autoridades son adoradoras de Cristina. Me refiero a la decana, Carolina Mera y el responsable directo de la publicación, el secretario de Gestión Institucional, Guillermo Levy.

Me permito una reflexión. La gloriosa facultad de las ideas, donde debería haber asambleas de neuronas y pluralismo, es casi un cuartel donde se adoctrina a los alumnos. Hay uniformidad y cero pluralismo. Es una lástima porque se tornan aburridos y burócratas a sueldo y violan la belleza del debate del pensamiento. Pero es lo que hay.

Hoy me avisaron que el rector de la UBA, el respetable doctor Alberto Barbieri que además integra el consejo contra el hambre que propuso Alberto, estaría por pedirles la renuncia a algunos de los responsables de todos estos atropellos.

Le aclaro que Micaela Baldoni, la socióloga que escribió la nota, ni siquiera puso el nombre de ningún periodista. Fue un análisis interesante y conceptual con el que disiento, pero no tuvo ni una sola agresión y no mencionó a ninguno de los que Sergio Langer estigmatizó.

Tanto la decana Mera como el secretario Levy son profesores muy ilustrados y con títulos académicos valiosos. Lamentablemente el dogmatismo, el fanatismo y la ideologitis, la inflamación de la ideología, los ha convertido en gerentes de la fábrica de cuadros kirchneristas, les guste o no les guste a los alumnos. Y los argentinos, no les pagamos para eso.

Hay 25 mil personas que trabajan, estudian e investigan en esa facultad. Me niego a creer que todos piensen igual que Sergio Langer.

Mi padre llegó de Polonia cuando era muy chico y se transformó en el primer profesional de su familia. Se recibió de farmacéutico en la gloriosa Universidad Pública de Córdoba. Yo viví la primavera del pensamiento crítico de los 70 en la Facultad de Ciencias de la Información.

El día que el fascista de Pinochet derrocó a Salvador Allende, me tocó repartir la palabra en la radio libre que habíamos hecho los alumnos. Había 32 oradores porque había 32 agrupaciones que pensaban distinto.

Ahí aprendí que los claustros universitarios son el templo de las ideas. Y que las ideas no se matan, ni se suicidan. Salvo que Langer y su pistola decidan lo contrario. Y eso que todavía no asumieron.

Fuente: Radio Mitre
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