El impronunciable judío. Por Jorge Rozemblum


Una de las características más singulares del antisemitismo en España es que se mantuvo vigente incluso con la ausencia de judíos durante más de cuatro siglos. Su imagen se convirtió en paradigma de traición y maldad, autor de crímenes rituales y otras atrocidades sin fundamento, pero incrustadas firmemente en el imaginario colectivo. Estos prejuicios tienen orígenes en una intolerancia religiosa afortunadamente superada, aunque con vestigios identificados con el nacionalismo extremo y la derecha política. El odio, no obstante, es una emoción impermeable a la razón y a las ideas políticas, capaz de retorcer la lógica hasta acomodar la realidad a las gafas con que se mira, en lugar de focalizar éstas. Ejemplos hay muchos, pero los de estos últimos días incendian las entrañas.

Ya habíamos “sufrido” los judíos el desprecio del concejal del Ayuntamiento de Madrid que en años pasados pronunciaba su discurso de felicitación de Rosh Hashaná de varios minutos sin “mentar la bicha”, sin pronunciar la palabra judío. Ahora, en un “tuit” que el vicepresidente Pablo Iglesias publicó el Día Oficial de Memoria del Holocausto, se refirió a las “decenas de miles de personas” asesinadas en Auschwitz, completando el mensaje con referencias explícitas a centenares de republicanos, sin utilizar tan siquiera una vez la palabra judío. No sólo hemos pasado del antisemitismo sin judíos a un holocausto de izquierda sin judíos sino que, peor aún, el uso de la expresión “decenas de miles” en lugar de “seis millones” es una manipulación lingüística típica de los negacionistas (de extremísima derecha) que afirman que las cifras millonarias son una exageración judía para obtener en compensación una tierra que no les corresponde (Israel) y que tan sólo murieron unas “decenas de miles” de judíos por razones naturales como enfermedades y otras calamidades comprensibles y perdonables en tiempos de guerra. Esta misma semana, la portavoz en la Asamblea de Madrid del mismo partido que el mentado Iglesias se quejaba de la suspensión de una función teatral sobre la violencia de género por no ser pertinentes en la institución representaciones artísticas, alegando que la semana anterior (en un acto en memoria del Holocausto) también se había celebrado un acto de este tipo no político, ya que se encendieron velas (seis) mientras se tocaba música. ¿Ignorancia, insensibilidad o simple odio inconsciente?

Hace un tiempo escribí que, de no existir Israel, el contundente “¡Nunca más!” que se esculpió en una pared de Auschwitz se hubiera convertido en “¡Una vez más!”. La mención del objeto principal del exterminio es quien lo define: si bien en Auschwitz y otros campos se asesinó también a otros colectivos, el propio concepto y puesta en marcha de la maquinaria de eliminación humana tuvo una meta primaria muy clara, el impronunciable judío.

Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad
www.radiosefarad.com
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