La fiesta de Tu Bishvat : la celebración judía de la naturaleza


Por Mario E. Cohen (* )

El judaísmo tiene un día dedicado a la celebración de la naturaleza como obra del Creador, este es el Tu Bishvat (el 15 del mes de Shevat), también llamado Rosh Hashana La-ilanot (año nuevo de los árboles). En realidad, durante todo el año judío se agradece a Dios por los frutos de los árboles y de la tierra a través de las  bendiciones pero existe un día de regocijo especial, dedicado a valorar exclusivamente la naturaleza creada por Dios.

El Tu Bishvat no recuerda ningún hecho histórico y fue instaurado como el día que separaba los frutos de un año de los frutos del año siguiente, una separación entre la primera parte del crudo invierno y el invierno menos riguroso. En la diáspora, alejada por siglos de la vida agrícola, esta festividad había pasado a ser una celebración menor, pero con la creación del Estado de Israel, Tu Bishvat adquirió un relieve de re-creación de la naturaleza del que no había sido objeto en los últimos 20 siglos.

No hay nunca que olvidar que el árbol provee al ser humano de frutos, flores, refugio, madera, aroma, medicina y sombra. No solamente ayuda al desarrollo de la vida humana, también es el hábitat de muchos animales e insectos. La vida humana sería imposible sin la presencia de vegetales y árboles.

Un día nacido de necesidades meramente legales adquirió con los siglos un profundo significado espiritual de regocijo por los frutos de la tierra y los árboles como obra del Creador. En diversos pasajes bíblicos y talmúdicos se trasluce un profundo respeto por el árbol y se pena la destrucción sin causa de los mismos. En el Talmud incluso figura la recomendación de que el plantado de árboles es todavía más importante que el recibimiento del Mesías: “si tienes un retoño en tus manos y te dicen que ha llegado el Mesías, primero planta el árbol, y sólo luego ve a recibirlo”.

En el sentido de no destruir inútilmente árboles: la Torá recomienda que aún en situaciones de guerra  se prohibe talar árboles frutales.  Una hermosa costumbre que se menciona en el Talmud es la plantar un retoño de cedro por el nacimiento de un varón y el de un ciprés por el nacimiento de una niña. Al momento de casarse se solían utilizar algunas maderas de estos árboles para formar el palio nupcial.

Este día adquiere en nuestros días una dimensión nunca antes alcanzada. Diariamente, escuchamos y vemos por los medios la degradación constante de la naturaleza, la polución alcanzando límites insostenibles, la tala de millones de árboles, la desaparición de inmensos terrenos boscosos y la extinción, por el descuido humano, de decenas de especies animales.

(*) Presidente de CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
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