Netflix y su “ extraña fascinación “ por lo judío. Por Natalio Steiner



Desde hace ya bastante tiempo el popular sitio de transmisión en streaming de películas, Netflix, viene desarrollando producciones propias que recrean historias verídicas y  ficciones sobre Israel y lo judío.
La serie No Ortodox- que tuvo un alto impacto tanto entre judíos como no judíos - fue la cima de este fenómeno que se extiende desde tiempo  atrás.
Se han podido ver así series o películas que giran sobre dos ejes: el accionar asombroso del Mossad y otros servicios de inteligencia y contraterroristas de Israel y aspectos poco concidos pero estereotipados de la judeidad ultraortodoxa o por lo menos de una rama de la misma: los jasidóm de Satmer.
En una rápida enumeración de los títulos llevaría a enunciar en un orden no cronológico Fauda ( en sus tres temporadas), Operación Terminal ( la captura de Eichmann), Operación Hermanos ( la extracción secreta de judíos de Etiopía), El  Espía ( la vida de Eli Cohen ), Shtisel ( una miniserie de 12 capítulos de gran éxito), Cuando los Héroes Vuelan, Mesías ( muy poco conocida), Hostages, Mossad ( documental), Tormenta de Arena ( sobre beduinos) y la polémica No Ortodoxa.
La mayor parte de estas películas o series fueron filmadas en parte en Israel y hay no pocos actores árabes en las mismas. Inclusive en la dos vinculadas a la ortodoxia, sus protagonistas no solo no son ortodoxos sino que además debieron aprender bien el idish antes del rodaje.
Las producciones en general, sin entrar en detalles, rescatan historias verídicas ( como las de Cohen, Eichmann y otras)  aunque algunas adolecen de graves fallas y errores conceptuales en sus guiones. No es mi intención juzgar las actuaciones. Contrariamente, Fauda, en sus tres temporadas, es una serie impactante y atrapente que refleja con crudeza la dura lucha de un cuerpo especial del ejército israelí en acciones preventivas contra el Hamas y el Isis. La serie fue inicialmente criticada duramente por sectores progresistas europeos y los palestinos que consideran de extrema dureza el comportamiento de los soldados israelíes.  Sin embargo, sería primero Shtisel y No Ortodoxa en especial que despiertan una gran curiosidad por saber como viven y sienten los judíos ultraortodoxos, tan alejados de la modernidad y sus dispares valores.
Con  Shtisel ocurrió algo bastante singular. Fue vista y valorada con sin despertar gran polémica por parte de judíos observantes y laicos. Es que la miniserie, muy bien lograda, penetra en los sentimientos personales de los personajes más allá del rigorismo religioso.
La última de las producciones, No Ortodoxa, causó una verdadera conmoción en especial entre no judíos y judíos religiosos. Muchos no judíos tuvieron con  ella una aproximación a una religión o forma de vida anómala, extraña, lejana y que despertó en los antisemitas la excusa que necesitaban para asociarla  a la pandemia.
Los judíos ortodoxos modernos se sintieron dolidos porque a través  de una historia basada en hechos reales se  deforma y mitifica a todo el judaísmo raigal. La serie magnifica la historia de Esty ( Debora Feldman en la vida real ), estigmatiza valores milenarios, ritos y preceptos que la judeidad ortodoxa moderna considera solo como parte de un grupo sectario y refractario de todo elemento cercano a la modernidad. Todo esto generó en tiempos de cuarentena y pandemia, distintas videoconferencias que tuvieron a rabinos e intelectuales laicos como protagonistas principales logrando amplios registros de audiencia y pacífico intercambio. No Ortodoxa cae en las deformaciones típicas en que se incurre al atacar a la ortodoxia : el rol diferente de la mujer presentada como sufrida o sometida, la inhibición absoluta hacia la sexualidad llegando incluso al vaginismo ( un problema que afecta al 0,05 % de todas las mujeres del mundo sin  distinción religiosa), la persecución mafiosa de la mujer y todo ello en el marco de un logrado costumbrismo. Algunos de los estereotipos de la serie son tan burdos que hasta los sectores liberales del judaísmo mantuvieron un respetuoso silencio ante una corriente siempre criticada.
Quedará para los sociologos interpretar porque a  través de Netflix se demuestra que lo judío y la seguridad de Israel es un producto rentable, vende y despierta cada vez más curiosidad entre los no judíos.
Por ahora sólo queda esperar que otra pronta sorpresa nos deparará Netflix en  este abordaje de lo judío. Mientras tanto sería bueno agarrar libros y artículos sobre la lucha de Israel contra el terror y artículos sobre judaísmo y sus valores para poner las cosas en su real dimensión. Es que el prejuicio es hijo de la ignorancia. Convendría tenerlo en cuenta.




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