Alemania 1930, hace 90 años. Por Victor Zajdenberg


En momentos en los cuales la humanidad está sufriendo la pérdida de libertades  y de decisiones debido a la dolorosa pandemia del Covid-19, debemos recordar fechas y épocas en las cuales las personas padecieron horrores mucho más terribles que los actuales, provocados por una ideología racista y criminal que se enquistó en los cerebros de millones de individuos.

En las elecciones alemanas de 1928 para el Reishtag  (Parlamento) el NSDAP (partido nazi) obtuvo solamente 2,6% de los votos. Aún representaba una ínfima minoría. Pero en las elecciones de 1930, votado por 6 millones de alemanes, logra crecer con 107 escaños y convertirse en la 2ª fuerza solo detrás del SPD (partido social-demócrata). El inicuo Tratado de Versalles, la hiperinflación galopante y la profunda depresión económica influenciaron en ello. No obstante, todavía Alemania se esforzaba en ser una Entidad culta descendiente  de los grandes promotores de la cultura nacional y ese mismo año  de 1930 Sigmund Freud, un judío de Austria, fue galardonado con el Premio Goethe (similar en calidad al Nobel) en reconocimiento a sus contribuciones a la psicología y a la cultura literaria alemana, premio instaurado en honor al gran escritor alemán Johann Wolfgang Goethe (1749-1832).

La formación cultural y profesional de Freud abarcó a grandes autores de la literatura alemana como Kleist, Lessing, el austrohúngaro Teodoro Hertzl (el fundador del Sionismo), Schopenhauer, Nietzsche, Schiller y por supuesto Goethe. Asimismo, entre sus múltiples escritos, Freud escribió un libro sobre Goethe. Freud publicó en un ensayo que, “Un recuerdo de infancia de Goethe en poesía y verdad”  lo motivó para escribir luego su libro pilar: “La interpretación de los sueños”, con lo cual admite la influencia de Goethe en su desarrollo del psicoanálisis.

Es interesante conocer a su vez los efectos que tuvo en Goethe la lectura de  la “Ética”  y del “Tratado teológico –político”  del filósofo Baruch de Spinoza. Nacido en Ámsterdam era hijo de judíos españoles, que abandonaron  su patria por sus creencias durante el imperio de la Inquisición. Goethe reconoció ante sus interlocutores que las ideas filosóficas de Spinoza habían resultado necesarias para su propia creación literaria, fundamentalmente sus conceptos sobre “la libertad de pensar y creer, dentro de un Estado libre”.

Goethe hablaba de la atmósfera de paz que le inspiraba la lectura de Spinoza cuando este anteponía la “razón” a la “pasión”, tanto para la paz interior como para la exterior. Todo lo contrario de lo que ya se estaba gestando en Alemania en la época (1930) del Premio Goethe otorgado a Freud. Más de un siglo antes Goethe, el más grande escritor alemán,  salía en defensa de Spinoza escribiendo el libro “Spinoza, un buen ciudadano”, cuando el antisemitismo estructural ya arreciaba en toda Europa y era muy comprometido alabar y promocionar a escritores  y filósofos judíos, en este caso a Baruch de Spinoza. Goethe confiesa a un conocido “haberse encontrado a sí mismo gracias a la filosofía del judío holandés; sensaciones recreadas como de claridad y placidez”.

Mientras Spinoza afirmó la concepción de “Justicia y Paz”; Goethe la absorbió para producir su magnífica obra literaria y Freud desarrollaba la Teoría del Psicoanálisis, hoy aplicada en todo el mundo, en 1933, 3 años después del Premio y con Hitler como Canciller de Alemania, fueron quemados en plazas públicas los libros de Spinoza, de Freud y de tantos otros escritores.
Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario