Pnina Tamano Shata, nueva inmigrante de niña, a Ministra de Inmigración y Absorción de Israel

“Llegué descalza a Israel, a los 3 años.Ser hoy Ministra en el gobierno de Israel, es un gran privilegio y una enorme responsabilidad”


Pnina Tamano-Shata (38), abogada, M.A. en Política Pública para directores, carrera de la que egresó reconocida por su excelencia, ex periodista y directora de distintas compañías públicas, es la primera Ministra de Israel nacida en Etiopía. Fue también la primera vice Presidenta de la Kneset, Parlamento de Israel, de su comunidad. Es miembro del partido Kajol Lavan de Beni Gantz, que es hoy parte del gobierno de unidad.

Nos recibió días atrás en su despacho para esta entrevista, que aceptó gustosa.

P: Pnina, es un gusto y un honor tener esta oportunidad de entrevistarte. Y la verdad, lo primero que pienso es cómo debes sentirte siendo Ministra de Inmigracion y Absorción habiendo llegado tú misma de chiquita a Israel como nueva inmigrante.

R: Sin duda es muy emocionante. Cuando asumí el cargo estaba por supuesto muy emocionada pero también lo veía como algo sagrado, como una enorme responsabilidad. Creo que esa responsabilidad es la misma en todos los ministerios sociales, los que hacen a la vida diaria de la gente, porque uno sabe que cada decisión que toma puede incidir en la vida de miles de personas.

P: ¿Te has acostumbrado al título de Ministra?

R: No fue sencillo. Ya han pasado unas semanas, estoy más cómoda con todo esto. Para mí, ser ministra en Israel, realmente es un gran honor. El respeto a la dignidad humana es central. Yo siempre combatí el racismo, contra expresiones de discriminación, lo llevo en el corazón.No puedo ver injusticias. Y el haber llegado a Israel desde afuera, en mi caso de Etiopía, lidiando con numerosas dificultades, claro que influye mucho en mi forma de ver las cosas.

Aliá, una vivencia personal

P:¿Me puedes contar cómo fue tu propia aliá?

R: Llegué a Israel cuando tenía 3 años, con muchas dificultades. Mi mamá había quedado atrás. Es que si bien el operativo Moisés en cuyo marco llegamos no fracasó, hubo  sí problemas puntuales en algunos casos, como aquel operativo en los camiones que nos llevaron en medio de la noche de un campamento de refugiados al avión israelí que nos estaba esperando. Eso fue en 1984, en Sudán.

P: Tú habías salido de una aldea en la zona de Gondar…

R: Así es. Mi madre hizo el duro camino embarazada y justo al final dio a luz. Cuando llegamos a los camiones y ella estaba ya después del parto, mi padre vio que no había lugar en el camión en el que yo estaba con mis hermanos, y la ubicó a mi madre en otro camión con la bebita recién nacida y con otra de mis hermanas, de 11 años. Y él vino con nosotros. Pero el camión en el que iba mi mamá tuvo un desperfecto en el camino, no llegó al avión y quedó allí con mis hermanas. El comienzo, por lo tanto, fue sumamente difícil.

P: En tu caso vivieron ese drama tan duro, pero además, para nadie fue sencillo.

R: Por supuesto. Vimos niños morir en el camino, también adultos. Creo que podemos decir que casi todas las familias perdieron a alguien. Unos 14.000 judíos salimos a emprender ese camino y aproximadamente 4.000 murieron en la marcha durante todo el Operativo Moisés. El nombre no fue casual. Fue como cruzar el desierto a pie, eso es lo que hicimos. Como la salida de Egipto.

Te cuento que mi esposo, Tzion, que tenía 5 años en aquel momento tenía dos hermanas de 2  y 3 años, además de un hermano de 7. Las dos hermanas murieron en ese camino. Es una tragedia. Él aún las recuerda. Y eso lo vivió mucha gente. Hace unos días estuvo en casa un amigo cercano cuya mamá murió en aquel entonces. Creció sin su madre. Durante años no hablamos mucho de eso porque es difícil lidiar con ese recuerdo.


P: ¿Cuándo pudiste reunirte con tu mamá?

R: Al final pudo llegar un año más tarde. El Mossad la encontró junto a mis hermanas y las trajo a Israel. Estaba a punto de morir. Mi hermana de 11 años la cuidó. No es casualidad que sea ahora enfermera. Decidió que su elección sería poder tratar gente enferma.

Hoy, una nueva vida, en el hogar del pueblo judío

P: Y habiendo pasado todo eso ¿cómo te sientes tú hoy?

R: Siento que he tenido mucha suerte. Y que justamente aquellos comienzos tan difíciles dan mucho sentido de proporción a mi vida. Es que por un lado, es un gran honor llegar a ser ministra en el Estado de Israel, después de todo lo que pasé, y recordando de donde vino. Y por otro lado, esto me recuerda que nada es sobreentendido, que se recorre un camino duro para llegar a las cosas, y que yo estoy acá para servir al público. Llegué a Israel descalza, sin mi madre. Y ahora estoy aquí.


P: ¿Recuerdas el momento del arribo a Israel?

R: Absolutamente. Recuerdo el avión, el camión…quizás un poco en nebulosa, pero recuerdo. También la comida que me dieron por primera vez en el campamento de refugiados. Y cómo en el camión, por la falta de espacio, había niños a los que otros los pisaron. Mi hermana tiene hasta hoy a veces síntomas de falta de respiración como resultado de aquello. Es que estábamos muy apretados. Si mi hermano no hubiera logrado sacarla y moverla a otro lado, hasta hoy estarían buscándola.

P: ¿Entendías en aquel momento qué estaba pasando, que estabas llegando a Israel y qué significaba?

R: Recuerdo que los soldados israelíes nos repartieron caramelos en el avión y una bolsa con botella de agua y bananas. Me parece que lo veo ahora. Amo a los soldados de Tzahal que nos protegen a todos. Significan algo especial y creo que es porque Tzahal es el ejército del pueblo de Israel, no solamente del país. Y como pueblo, siento que todo es parte mía. La Shoá es mi historia, no solamente la de los judíos ashkenazíes. Y la historia de los judíos en los países árabes, es mi historia. De la misma forma, el Operativo Moisés en el que yo llegué, es parte de la historia de todos ustedes, los demás judíos.


P: Es muy emotivo lo que has dicho y siento que es muy cierto.

R: Yo siento que los operativos en los que nosotros vinimos, no son grandes únicamente a nivel nacional sino internacional. Imagínate un avión aterrizando en medio del desierto. Aunque estoy convencida que los heróes centrales fuimos nosotros que hicimos ese camino tan duro, no olvido ni por un momento lo que hizo Tzahal. Envió aviones que aterrizaron en un país enemigo, en el desierto.Y corriendo contra el tiempo, sacaron la mayor cantidad posible de gente.Y cuando fue el operativo Salomón en 1991, en Etiopía había una revolución, con muchos riesgos alrededor.Mengistu Haile Mariam, que quería huir del país, dijo que Israel tenía 36 horas para sacar a los judíos que pueda. Era una carrera contra el tiempo. Un avión aterrizaba y otro despegaba. Y así todo el tiempo. Fue muy emocionante. Así que eso, creo yo, entró al panteón  nacional y también al internacional.

Luego del sueño, los problemas de la vida real

P: Después de concretar el sueño,  viene la realidad de la vida diaria, los errores cometidos también en la política de absorción de los olim (inmigrantes). Fueron cometidos en todas las olas inmigratorias.

R: Por un lado, creo que Israel es un país que fue aprendiendo mientras corría, y de tribus y grupos, nos convertimos en un pueblo mientras construíamos el Estado. A mi modo de ver David Ben Gurion fue un gobernante valiente, que claro que cometió errores y que hizo cosas que creo hoy yo no aceptaría, pero que es muy difícil juzgar  si recordamos lo que se jugaba en aquellos tiempos.

P: Te refieres a algo concreto…

R: Él acuñó el término de lo que en hebreo se llama “kur hahituj”, el crisol de diásporas. En aquel momento, se ve que era lo apropiado.

P: El gran tema es si se creaba una identidad israelí neutralizando la de todos los componentes culturales y orígenes variados de la población. Imagino que a eso vas.

R: Hoy tenemos lugar para que cada uno exprese lo suyo.Y claro que hubo problemas en el camino. El Gran Rabino Ovadia  Yosef dijo ya en 1973 que somos judíos. Yo sé que éramos judíos, pero él lo determinó formal y oficialmente, cuando se discutía el tema. Pero no se nos trajo enseguida. Lo hicieron recién en 1984 cuando la situación allí era problemática.

P: Pero hubo mucho antes ya otros operativos más pequeños. El proceso empezó mucho antes de 1984.

R: Sí, es cierto. En 1977 el entonces Primer Ministro Menajem Begin dijo “traigan a nuestros hermanos de Etiopía”. Yo creo que si se hubiera organizado todo de otra forma, no habríamos tenido que hacer ese terrible camino a pie. Quizás se habrían ahorrado 4.000 vidas.

P: Yo creo que el tema era el territorio enemigo en el medio.

R: Volviendo a lo que decíamos antes, es muy importante que se sepa dar lugar a todos en los libros de la historia judía. Nosotros vinimos hace sólo unas décadas a Israel y muchos no saben nada de nuestra historia. Nosotros mismos no sabíamos lo suficiente. Sea como sea , hay lugar para todos.Estoy convencida de ellos. Y en 12 años de estudios, hay tiempo para enseñarles a todos los niños de Israel también sobre el judaísmo de Etiopía.

Los desafíos y errores a corregir

P: Cuando tú entraste al ministerio, además de cosas y proyectos que vas surgiendo ¿tenías ya de antemano, entre ceja y ceja, ideas que te era importante implementar, para corregir errores pasados?

R: Por supuesto. Ante todo creo que tiene que estar clarísimo que la aliá es sionismo, el alma del Estado de Israel, que debe estar abierto siempre a todos los judíos que deseen venir.

P: En principio está abierto a todos.

R: Pero hay problemas y demoras, por ejemplo en el tema de los Bnei Menashe, 700 personas cuya aliá quiero lograr solucionar. Y cuando hablamos de los marranos etíopes que se están convirtiendo ¿para qué demorar tanto?

P: En muchos casos, son situaciones complejas por generaciones de alejamiento del judaísmo. Y esa expresión, marranos etíopes, jamás la había oído. ¿Te refieres a los Falashmura?

R: Para ellos, Falashmura es un concepto despectivo.

P: Lo sé, por eso te pregunto. Sé que en Etiopía no es un término bien visto.

R: Exacto.

P: Creo que sería oportuno explicar algo de su historia, entender cómo surgió lo que hoy se ve como un problema.

R: Lo que ocurrió fue que hace unos 100 años había en Etiopía un emperador llamado Iohanes que ordenó convertir a todos al Cristianismo. Envió misioneros a Beta Israel, la comunidad judía etíope. Algunos se desesperaron y se fueron, pero permanecieron en el marco de comunidades separadas de los cristianos. El nombre Falashmura, que los cristianos les dieron, se refiere a que no están ni aquí ni allá. Pero han vuelto al judaísmo y debemos ayudarlos.

P: Un gran problema es que hay familias separadas entre los dos lados.

R: Exacto. Y hubo casos en los que por esa situación, hijos quedaron separados de los padres, en dos continentes. No es lógico y no es un comportamiento judío.Decidieron traer a los menores y dejar a los adultos, y eso no puede ser. Tiene que ser interés de Israel resolver el tema de todos los que están esperando, permitir la reunión de familias separadas  y cerrar esos campamentos en los que esperan. Se trata de no más de entre 12 mil y 14 mil personas. El gobierno decidió ya en el 2015 traer a unos 7.000 de ellos. Pero hay que concretarlo. Yo quiero corregir  también el error de esa demora.

P: ¿Tienes un plan central para tu trabajo como Ministra de Inmigración y Absorción?

R: Mi misión principal es producir un programa quinquenal de apoyo a la aliá y su mejor absorción posible en Israel. Estuve buscando un plan nacional en este campo y no he encontrado que se haya hecho nada con ese encare.

P: O sea, que se pueda organizar y recibir la aliá no a raíz de algún desastre en algún lado o incremento de atentados antisemitas en otro, que suelen ser alicientes…

R: Claro. El tema es crear las oportunidades para que quienes tienen el sentimiento sionista puedan plasmarlo. Eso es sionismo.Y ahora vemos que a raíz de la pandemia, hay más interés aún en llegar a radicarse en Israel. Precisamos un plan ordenado, un programa serio. Quiero que si llegan inmigrantes, tengan organizado el tema de vivienda, bienestar social y educación. Creo que en cada aliá,  hay que tener claro qué precisa la gente y saber cómo ayudar.

P: Pnina ¿qué sabes de la aliá latinoamericana?

R: Israel recibe por supuesto aliá de todo el mundo y me enorgullece que esto sea parte de los lineamientos fundamentales del gobierno.

En la última década han llegado 4458 nuevos inmigrantes de Brasil. 3295 de Argentina, los dos países de los que llega la mayor parte de los latinoamericanos. Pero claro que también recibimos con los brazos abiertos a olim de Uruguay, Venezuela, Colombia, Perú, Chile. Panamá, Bolivia y otros lados.  Tengo claro que cada inmigrante es un mundo entero. Sé que en general los llegados de Latinoamérica vienen por sionismo, por sentimiento religioso, y así concretan un sueño así como mi familia concretó el suyo cuando yo tenía sólo 3 años.  Con el transcurso de los años llegaron a Israel más de 2 millones de inmigrantes de todo el mundo. Claro que el primer gran desafío es el idioma. Hoy en día mi ministerio da servicios también en español y se encarga de que los inmigrantes  y las familias que lo necesiten, tengan un acompañante que los ayude. No hay que dejar solo al inmigrante que llega a Israel.

Antes mencioné la Dirección de Estudiantes, y está claro que apoya también a numerosos inmigrantes de Latinoamérica, no sólo con becas sino también con diferentes programas de ayuda.

Todos somos parte, y yo misma me encuentro todos los días con inmigrantes llegados de distintas partes. Cada uno es un mundo entero.

Luces y sombras

P: Con todos los problemas que hay y los errores que se han cometido también con olas anteriores de aliá, Israel debe ser el único país del mundo que está formalmente en guerra con algunos de sus vecinos, pero continúa atrayendo inmigración. ¿Cómo lo explicas?

R: Porque es hogar.No hay otra forma de explicarlo. Aquí estamos juntas, yo llegada de Etiopía, tú de Uruguay, Ilana mi portavoz que ayudó a concretar esta entrevista, cuyos padres llegaron del Cáucaso…y tenemos muchas cosas en común, muchas cosas que nos unen.Yo he viajado por diferentes partes del mundo contando sobre Israel. He estado en muchas sinagogas, y sea cual sea la comunidad que me recibió, me sentí en casa.

P: ¿Dirías que la aliá de los judíos de Etiopía fue un éxito, a pesar de todos los problemas con los que se ha lidiado?

R: Creo que ha habido un salto muy importante, se ha avanzado mucho y se ha acortado distancias. Es impresionante lo logrado. Hay que tener presente que vinimos con casi 0% de instrucción, de educación formal, y ahora hay miles de académicos de nuestra comunidad, en todas las áreas.

P: Recuerdo que cuando estuve en el aeropuerto militar en el que aterrizaron en 1991 algunos de los aviones Hércules del operativo Salomón, y comenzaron a salir los judíos de Etiopía, yo sentí que venían no sólo de otro país sino también de otro tiempo, de otra era. ¿También tú lo ves así?

R: Absolutamente, no hay duda ninguna. Yo no me olvido que vine de una pequeña aldea y que como estaba lejos de las ciudades –vivíamos allí para que no haya asimilación- no teníamos electricidad ni agua corriente. La gente podía estar feliz con lo que tenía, pero indudablemente que se avanzó mucho . El salto no fue de 4 horas de vuelo, sino de 400 años. Impresionante. Y creo que es un privilegio haber podido hacerlo. A los mayores les fue más difícil, pero a nosotros, los niños, nos resultó más fácil.

Pero no se puede decir que haya sido un éxito en todo.Creo que el Estado lo entendió debidamente el desafío que significa tener un color distinto del resto. Y claro que hubo también casos de racismo y discriminación. La sociedad israelí, como todas en el mundo, tiene de todo.

P: También en la sociedad israelí hay gente con prejuicios.Eso es indudable.

R: Por supuesto. Yo he participado en protestas. ¿Por qué hay gente para que ante todo soy Pnina la etíope?

P: Es lo primero que ven, tu color, antes de conocerte.

R: Claro, y hay gente que por eso no te quiere aceptar al trabajo. O una tendencia de la Policía a pensar que un joven de nuestra comunidad que está en la calle puede haber estado involucrado en algo malo. El fenómeno no lo inventé yo.

P: Así es. Ha habido estudios al respecto, como el informe Palmor, sobre los sitios en los que la Policía entraba exageradamente en situaciones de roces con jóvenes de la comunidad de origen etíope, pidiendo documentos, cosas similares, no porque hubiera pasado algo. Se sospechaba más de ellos que de otros.

R: Así es. Yo aporté mucho a ese informe que fue muy serio. Fui una vez a visitar una cárcel de menores. El 40% de los jóvenes judíos presos eran de origen etíope. ¿Por qué, si somos el 2% de la población? Es una locura, porque se crean situaciones en las que se pide documentos, se revisa, investiga, sin justificación, porque a priori se sospecha más de ellos. Y eso puede destruir una generación.

P: ¿Cuándo fue eso Pnina? Yo tengo entendido que los números mejoraron muchísimo, que la Policía también aprendió lecciones de errores que estaba cometiendo.

R: Es cierto. Eso fue en el 2014. Hoy son el 10%. Y los cambios se logran concientizando.  Hay que actuar con valentía y determinación para que los errores se corrijan. Y está pasando. Se lo está haciendo. Pero para eso había que salir a la calle, aunque a nuestros mayores no les gustaba, porque preferían preservar la unidad del pueblo de Israel. Pero nosotros, los jóvenes, de los cuales muchos ya nacieron en Israel, tuvimos siempre claro que si nosotros no nos plantamos firmes contra casos, por ejemplo, de violencia policial , de detenciones injustas por sospechas infundadas, nada lo cambiará.

Y al mismo tiempo tengo que decir que el racismo es un problema internacionales, el fenómeno existe en todo el mundo, en numerosas sociedades.

P: Y la sociedad israelí no está compuesta por ángeles. También en Israel hay problemas con los que lidiar.

R: Y creo que acá la necesidad de combatir fenómenos negativos cuando ocurren, es doble, ya que este es nuestro hogar, estamos con nuestro pueblo. Y por eso nos importa más. Si uno se siente herido por su propia gente, es peor. Pero yo sé que todo se puede corregir. Israel es pequeño, se puede educar. Ya di el dato de la reducción del 40% al 10% en el porcentaje de los jóvenes de origen etíope entre los menores presos.

P: ¿Cuáles son las luces que destacarías en cuanto a lo que ha hecho el Estado de Israel por la aliá de Etiopía?

R: Ante todo, está clarísimo que ha hecho mucho. Yo estoy ahora a cargo de un ministerio en cuyo marco cada joven inmigrante recibe una beca de estudios. Y eso es impresionante. Yo misma recibí una beca de la Dirección de Estudiantes. Cuando un ministro decide algo así, cambia la vida entera del  joven que recibe esa ayuda. Y eso permite estudiar primero y segundo título. Eso es dar igualdad de oportunidades, un gran empuje, porque en general, nuestros padres no podían pagar educación universitaria, pero todos recibimos beca.

El Estado de Israel es nuestro hogar. Cuando te reciben en el aeropuerto Ben Gurion, te dan de inmediato ayuda, lo que se llama “sal klitá” o sea canasta de absorción. Te llevan adonde necesitas ir. Te dan tus documentos. Eso no pasa en ninguna otra parte del mundo.

Creo que Israel es un milagro, para todos nosotros, no sólo nuestra comunidad.

P: ¿Recuerdas cuándo te sentiste israelí? Llegaste a los 3 años, muy chiquita.

R: Siempre. Lo sentí desde el primer momento al llegar. Si no hubiera sido así, no habría podido librar mis luchas, porque todas ellas venían del amor, no del odio. Mi mamá me dijo una vez algo muy cierto: los racistas van a tener éxito si dejamos de amar al país, al pueblo, cuando el sentimiento del regreso a Sion se altere. Y no se ha alterado.

El gobierno de unidad

P: ¿Cómo ves desde adentro el desempeño del gobierno del que eres parte? Cautelosamente hablando, diré que hay no pocos motivos de mutua desconfianza entre sus componentes, el partido Kajol Lavan del que tú eres miembro, y por otro lado el Likud.

R: Yo creo que  este gobierno ya ha tenido logros en distintos ámbitos. Debemos recuperar la confianza de la ciudadanía . No estamos por sobre el pueblo. Fue el pueblo el que nos eligió para estar en la Kneset . Durante casi un año y medio de campañas electorales, estuve en muchos lados, recorrí el país prest ando atención a la gente. Ahora hay que trabajar.

El nuestro no es el primer gobierno de unidad. Claro que la coalición tiene problemas al comenzar a funcionar. Debemos recordar que nos sumamos a este gobierno porque sentimos que así lo determinaban las circunstancias a raíz de la crisis económica, social y de salud pública  en la que nos hallamos por la pandemia. Lo principal es sentarse y, con los medios a nuestro alcance, trabajar, hacer reformas, cambiar y mejorar.


P: ¿Crees que este gobierno cumplirá todo  el tiempo de su mandato? Más que nada, te parece que el jefe de tu partido, Beni Gantz, llegará realmente a ser Primer Ministro tal cual está pactado o todo estallará antes que hayan transcurrido los 18 meses de Netanyahu al frente?

R: Yo creo en el jefe de mi partido Beni Gantz, Primer Ministro alternativo, y considero que nadie es más digno que él para ser Primer Ministro. Es una persona de valores, preocupado por el interés nacional, un hombre que dedicó 40 años de su vida a la defensa de la patria, de todos nosotros. Creo que será Primer Ministro y quiero esperar que el Primer Ministro Netanyahu cumplirá su parte al respecto.

Si este gobierno dura o no, dependerá de nuestra responsabilidad, de lo que hagamos quienes fuimos electos por el pueblo. Considero que es interés de todos nosotros. Estamos aquí porque debemos cumplir una misión.

P: ¿No dudaste cuando Gantz decidió sumarse a Netanyahu?

R: Yo había sido la primera en llamar a la unidad. Einstein ya lo dijo, que hacer una y otra vez lo mismo y esperar que el resultado sea diferente, es una locura. El hecho es que hubo tres elecciones, que el pueblo sufrió, sin llegar a nada. No se puede abandonar al pueblo en medio de la crisis del Coronavirus. Era necesario formar este gobierno aquí y ahora.

P: Pnina, te deseo mucho éxito en tus funciones. Y que la unidad en medio de polémicas sirva para algo.

R: Muchas gracias


Por Ana Jerozolimski
Fuente: Semanario Hebreo Jai
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