Israel , seria crisis de desconfianza, no sólo de pandemia

Los números de nuevos infectados diarios continúan subiendo, Israel ocupa el primer lugar del mundo en nuevos enfermos por día calculado por millón de habitantes, y la sensación que embarga a la ciudadanía es la de desorden total.

Claro está que gran parte de la culpa por los altos números de contagios es de la propia gente que no cuida lo suficiente, pero la responsabilidad por el manejo de la pandemia debe recaer en los hombros del gobierno, y lo que éste irradia linda con lo patético.

Desde hace días se anuncia cierre en 30 localidades rojas en las que el porcentaje de habitantes infectados es especialmente alto, en su mayoría árabes y ultraortodoxas. Todos protestaron, cada uno con sus razones lógicas desde su punto de vista, pero los ultraortodoxos amanezaron que Netanyahu se olvide de ellos, y el Primer Ministro giró el timón. Finalmente, se decidió que no habrá cierre general en las áreas en cuestión, sino sólo cierre nocturno y del sistema educativo.  Y a distintos niveles estallaron las reacciones críticas: los ultraortodoxos presionan, dicen muchos, y Netanyahu cede. 

Al dirigirse a la nación poco después de la reunión del gabinete este lunes al anochecer y aceptar responder preguntas de la prensa, Netanyahu rechazó la afirmación que le hizo un periodista –en términos muy similares a los que planteamos aquí- diciendo que se tergiversa las cosas. Aseguró que se toman decisiones únicamente de acuerdo al interés nacional, pensando en la salud de la ciudadanía.

¿Cómo se llegó entonces a un punto en el que la crisis de desconfianza es tal? El que la gente de Netanyahu salga a acusar a sus socios de Kajol Lavan y a la oposición de ponerles palos en las ruedas ya parece una clara táctica de “la mejor defensa es un buen ataque”. Por otro lado, esta vez tenían en parte razón al criticar a la oposición, tras las declaraciones del ex Ministro AVigdor Liberman, jefe del partido Israel Beiteinu, quien exhortó claramente a la población a no acatar las decisiones del gobierno y actuar sólo en base a su “buen criterio”, alegando que el gobierno toma decisiones “ilegales” y que lo mejor sería que cada ciudad o pueblo se maneje con las autoridades municipales y con la ayuda del ejército. “Esto es un llamado a anarquía”, respondió airado Netanyahu.

Es indudable que no es fácil manejar la pandemia. En Israel ha llegado ya a 11% -y hubo días que más aún- el porcentaje de positivos en los exámenes de Coronavirus que se llevan a cabo. Aumentan también los casos de enfermos graves, como es natural, y la cantidad de muertos hasta este lunes de noche asciende a 1026. Aunque el índice de mortalidad en Israel continúa siendo bajo y no llega al 1% de los infectados, la sensación clara es que las cosas están mal, en gran medida porque no hay una política clara acerca de la línea a seguir.

Ni el Primer Ministro Netanyahu ni sus ministros tienen la varita mágica, eso es cierto. Pero lo fluctuante de las decisiones y más que nada el mensaje que se irradia, que presiones sectoriales surten efecto y hacen cambiar rápidamente los planes del gobierno, preocupan sobremanera.

De las localidades árabes también salieron voces preocupadas sobre los eventuales efectos de un nuevo cierre. Pero nos preocupan en especial los comentarios y quejas que salieron del sector ultraortodoxo, por su tono y su contenido, propios de quien no tiene ninguna consciencia sobre la situación y ve fantasmas donde no los hay.

Diputados y alcaldes ultraortodoxos lanzaron duras acusaciones al Coordinador central del Corona Profesor Roni Gamzo por algunos de sus pronunciamientos en relación a las medidas a tomar en localidades de dicho sector. Quizás su tono no siempre fue el más diplomático del mundo, es firme y fuerte en su forma de habar, pero entre eso y algunas de las acusaciones de las que fue objeto, hay años luz de distancia. Dieron a entender que los presenta como quienes propagan enfermedades, como hacían los antisemitas en el pasado.

La advertencia sobre “localidades rojas” se basa en números recabados por el Ministerio de Salud Pública de Israel. Es cierto que si un público determinado sufre más de la pandemia que otro, debe recibir ayuda. Pero también tiene la responsabilidad de entender a qué se debe esa situación. Y la razón no es solamente el hecho que hay familias numerosas, sino también el comportamiento de todos aquellos que optan por escuchar a sus rabinos y no a las autoridades de la salud. No debemos generalizar, mucha gente en el sector haredi, se cuida como debe. Pero los números altos de Coronavirus en varias de sus localidades no vienen del aire. Y afirmar que los quieren marcar para demonizarlos es una absoluta falta de irresponsabilidad y una incomprensión básica de la situación. Las medidas en las zonas rojas son una herramienta para ayudar, no un castigo.

Este lunes, al anunciarse que por ahora no se impone el cierre anunciado en 30 localidades, sino que se impondrá otras medidas en 40 lugares-otro caso de ida para adelante y para atrás por distintas presiones- la televisión israelí transmitió voces de estudiantes de yeshivot diciendo explícitamente que si sus rabinos les indican seguir estudiando, lo harán. ¿Y entonces?

Diversos problemas se combinan aquí y por cierto no son alentadores.

Israel, consultado por gobernantes exteriores en la primera vuelta,  se halla hoy en una situación totalmente distinta. Ni la start-up nation puede hacer milagros sin una política clara y una población responsable. No es tarde aún,cabe esperar. Ojalá que no estemos cerca de perder el control.


Por Ana Jerozolimski

Fuente: Semanario Hebreo Jai

Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario