¿Qué estamos haciendo? Tenemos que agradecer a Donald Trump. Por Ben Dror Yemini

La mayoría de los medios de comunicación en Israel parecen sugerir que un enemigo del pueblo judío ha perdido el poder. Pero la verdad es que tanto la derecha como la izquierda del país deben agradecer a quien ha hecho mucho por nosotros.

Algo no está bien en nuestro país. Es cierto, es un hombre vulgar. Es cierto, no es educado. Es cierto, se ha expresado de forma monstruosa. Aun así, cerca del 50% de los estadounidenses lo apoyan y un mayor porcentaje de israelíes le está agradecido. No estoy seguro de que tengan razón. Si yo fuera estadounidense, creo que no votaría por él. Pero parece que ahora, precisamente en este momento que está dejando el poder, Donald Trump necesita que le digan una palabra más: Gracias.

Sin embargo, una vez que se supo que Joe Biden era el ganador de las elecciones, la impresión que se generó en los estudios de televisión y en la mayoría de los medios en Israel era que un enemigo del pueblo judío se alejaba del poder. Durante largas horas apenas hubo una voz que presentó una posición diferente. Sabemos que los medios de comunicación no suelen ser equilibrados, pero esta vez exageramos. Porque sin Trump, no hubiéramos alcanzado la paz con tres países árabes; sin Trump, no hubiera habido reconocimiento de Jerusalem como capital del Estado de Israel y sin Trump, no hubiera habido reconocimiento de la soberanía de Israel en los Altos del Golán. 

Y para aquellos de nosotros que nos encontramos un poco más a la izquierda en el mapa político, sin Trump, el gobierno de Netanyahu nos hubiera llevado al desastre de la anexión. Y gracias a la iniciativa de paz imperfecta de Trump, la derecha israelí también se ha visto obligada a digerir el hecho de que los palestinos merecen un Estado en al menos el 70% del territorio de Judea y Samaria, así como de los territorios adicionales de Israel estipulados en el plan. Entonces, sí, gracias a Trump, la derecha debería entender que incluso el mayor amigo de Israel en el mundo no compra la visión de asentamientos permanentes que resulten en un solo Estado.

Pero de acuerdo con lo reflejado en los medios, nos convertimos en desagradecidos. El acuerdo nuclear preparado por John Kerry y Federica Mogherini le ha dado permiso a Irán para continuar con su subversión regional, la entrega de armamento a Hezbollah, el desarrollo de misiles balísticos y, lo más importante, le ha permitido seguir amenazando la existencia misma del Estado de Israel, y lo único que obtuvo a cambio el régimen islámico fueron innumerables alivios y beneficios.

Se puede discutir la forma correcta de lidiar con la amenaza iraní, pero está claro que la conciliación demostrada por Occidente, a ambos lados del Atlántico, fue mala para el mundo árabe, mala para Israel y mala para la paz mundial. Entonces, ¿Trump es el problema? 

Biden obtuvo 75 millones de votos. Y, sin embargo, Trump recibió 70 millones, pero no se consideran. Hasta el estallido del coronavirus, Trump llevó a cabo una política económica que realmente ayudó a reducir las disparidades sociales. Es cierto que mintió sin parar, pero no inventó nada. Después de todo, fueron precisamente los círculos progresistas, de los que Trump se convirtió en enemigo, quienes inventaron la cultura de la mentira mucho antes que él. 

Después de todo, la mayor parte del mandato de Trump en la Casa Blanca se llevó a cabo bajo la sombra de investigaciones, especialmente la que comenzó con James Comey y continuó con la investigación oficial de Robert Mueller sobre el caso ruso, con el objetivo establecido de antemano. Y la montaña parió un ratón. Entonces, el presidente saliente de los Estados Unidos simplemente se unió a la cultura de la mentira, no la inventó.

Es válido y necesario criticar a Trump por cosificar mujeres, y es un poco difícil elogiar a un líder que se niega a respetar los resultados electorales. La mayoría de los medios de comunicación se ocuparon de mencionar en reiteradas ocasiones las deficiencias de este hombre extrovertido. Pero los medios de comunicación en Israel ignoraron casi por completo las cosas buenas que hizo el hombre. Por eso cabe aclarar que a pesar de todo, y después de todo, Trump no solo era un amigo personal de Benjamín Netanyahu, hizo algunas cosas buenas. Un gran amigo de Israel se va del poder. Es válido y necesario agradecerle.

Por Ben-Dror Yemini - Adaptado por Leandro Fleischer

Fuente: Ynet

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