Startup israelí convierte mascarillas faciales usadas en material ecológico

 En casi un año de vivir bajo la implacable presión del coronavirus, ha surgido una tendencia a nivel mundial: el uso de mascarillas de un solo uso, o el llamado equipo de protección personal (EPP), que se ha disparado desde el inicio de la pandemia.

Los EPP desechables, asociados en el pasado principalmente a quienes trabajan en el ámbito médico, son ahora omnipresentes. Los usamos y luego los desechamos.

Fabricadas con telas no tejidas, que se encuentran en productos como filtros, toallitas y pañales, y que se mantienen unidas mediante fieltro o pegamento, estas mascarillas no son fácilmente reciclables. Si no se desechan y se envían a los vertederos, estas mascarillas podrían acabar en lugares donde pueden causar daños.

Una organización de conservación marina, OceansAsia, calcula que de los 52.000 millones de mascarillas que se prevé producir en 2020, 1.560 millones acabarán en el océano, generando una contaminación que puede dañar gravemente el ecosistema.

El verano pasado, Naciones Unidas advirtió de las graves consecuencias que podrían derivarse de la eliminación inadecuada de los EPP, incluida la liberación de toxinas en el medio ambiente y la posibilidad de transmisión secundaria de enfermedades a los seres humanos.

Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha instado a los gobiernos a tratar la gestión de los residuos de mascarillas como un servicio de salud pública.

La startup israelí de tecnología limpia UBQ Materials está trabajando para resolver este problema y convertir los EPP en el material de base biológica que produce, que puede utilizarse como sustituto de los plásticos derivados del petróleo en la fabricación de miles de productos.

La startup ha desarrollado una forma de transformar los residuos no clasificados en un aditivo para la industria del plástico que puede utilizarse en productos como muebles, juguetes y piezas de automóvil.

En los últimos meses, UBQ ha inyectado cantidades significativas de EPP en su cámara de reacción, junto con otros materiales de desecho no reciclables, como plásticos mezclados, restos de comida y cartón, donde se descompone y reconstituye como un nuevo material compuesto similar al plástico.

La afluencia de EPP no ha afectado a la tecnología ni al material final, y la empresa se ha adaptado a los cambios en el flujo de residuos, dijo Liat Arad, vicepresidente de marketing de la empresa.

El material final es termoplástico y compatible como materia prima en aplicaciones industriales, pudiendo utilizarse después en cualquier proceso de fabricación estándar de una gran variedad de productos.

La startup fue fundada en 2012 por Yehuda Pearl y Jack Bigio, ambos con formación en negocios y emprendimiento, quienes se inspiraron en la idea de que los materiales orgánicos podían ser descompuestos en sus componentes naturales para luego ser transformados en material utilizable.

Se tardó seis años en desarrollar tanto el proceso como el material. Todas las máquinas que utiliza UBQ fueron inventadas por la empresa y en 2018 dieron a conocer el material sostenible UBQ a la industria del plástico.

UBQ trabaja con una planta a pequeña escala en el Negev, en Tze’elim, con capacidad para producir 7.000 toneladas de material al año, y tiene “planes de expansión extremadamente agresivos”, dijo Arad, incluyendo una instalación a gran escala que se espera que abra en los Países Bajos en 2022 con capacidad para producir 70.000 toneladas de material al año.

“Hemos visto un aumento de la cantidad de EPP en el flujo de residuos, lo cual es de suponer”, dijo Arad. “Somos capaces de abarcar también esta transición -y este cambio y estas fluctuaciones en los residuos- y seguir con normalidad”.


Fuente: Israel Noticias

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