LA INCULTURA DE LA CANCELACIÓN. Por Victor Zajdenberg


Pablo Kohan, excelente Musicólogo y Periodista, nos acaba de informar en su artículo del Diario argentino La Nación (12/03/2022) de la triste y lamentable cancelación en Gales (GB) de una obra del eximio compositor ruso Pyotr ILych Tchaikovsky por ser “inapropiada en este momento”. Se trata de la colosal partitura “1812” que describe la guerra de Napoleón contra Rusia en la cual los rusos, acompañados por el cruel invierno, logran vencer al invasor Ejército francés.

Cancelar a Tchaikovsky significa prohibir a uno de los más grandes compositores no solo de Rusia sino del mundo entero; es negar la historia real desarrollada en una de sus obras más emblemáticas y proscribir la libertad de oír, pensar, enterarse y decidir a personas que habitan en el que parecería dudoso “Mundo Libre”. Aplicar estos estrechos y minúsculos pensamientos de la cancelación nos llevaría justamente a lo contrario de lo que Occidente trata de defender contra las autocracias y las dictaduras: la Democracia y la Libertad.

Pablo Kohan nos embarca en lo incongruente que sería la cancelación de la inconmensurable cultura rusa musical en todas sus expresiones. ¿Cancelaríamos también la inmensa cultura alemana por lo que Alemania ha ejecutado durante la 2ª. Guerra Mundial?. ¿Suprimiríamos la milenaria cultura china por estar China sometida a una dictadura atroz que ha invadido al Tibet, a los uigures, a Hong Kong y a otros pueblos?

El Estado de Israel ha tenido y tiene asimismo una larga experiencia en lo referido a la “incultura de la cancelación” producto del perverso movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) aplicado por grupos antisemitas, anti sionistas y antiisraelíes de Europa y los Estados Unidos. Los campus universitarios están plagados de profesores y estudiantes que provocan desmanes cada vez que algún enviado de las Universidades israelíes es invitado a dar una conferencia, curso o presentación de materiales académicos. En Gran Bretaña censuran a científicos y estudiosos judíos e israelíes como sucedió varias veces con el eminente Abogado y Profesor americano Alan M. Dershowitz. En España desautorizan a músicos y cantantes judíos a presentarse en los Festivales internacionales que allí se organizan. En Francia, en Alemania, en Noruega, en Suecia y en general en toda Europa habitan camarillas y bandas de ultraderecha y de ultraizquierda, incomprensiblemente simbiotizadas con islamistas disfrazados de musulmanes, que vociferan y actúan contra todo lo que represente a la cultura judía y/o israelí.

Y por si ello fuera poco existen ONG´s y Organismos Internacionales que avalan estos bárbaros comportamientos e incitan a la salvaje ignorancia como la UNESCO, ente dependiente de las Naciones Unidas, que debería estar dedicada a la Educación, la Ciencia y la Cultura, cuando en lo referente a Jerusalem, Capital del Estado de Israel, niegan toda relación judía y cristiana milenaria de la Ciudad Santa para otorgarle dicho título a los palestinos, entidad que recién nace en 1964.

Falta mencionar entre esta caterva de ignorantes a la judeófoba Amnistía Internacional que acusa a Israel de Estado Apartheid en el mismo momento en que Israel nombró como Juez de la Corte Suprema a un musulmán; cuando el Partido musulmán de Mansur Abas, que fue elegido como Diputado en el Parlamento israelí, integra el Gobierno de Coalición y él mismo los desmiente diciendo: “Israel no es un Estado Apartheid; yo soy una prueba fehaciente de ello”. Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otros países han emitido un tajante rechazo al informe de Amnesty Internacional que demoniza a Israel. El CSW(Centro Wiesenthal) denomina al vil informe como la “Gran Mentira” pues legitima el odio a Israel.

Dice Houellebecq: “Es un fastidio vivir en una época de mediocres, sobre todo cuando uno se siente incapaz de elevar el nivel”.