Natalio Steiner/ Marruecos e Israel: la boda que sigue

Marruecos podrá convertirse en el cuarto país árabe que establecería relaciones con Israel en los últimos cuatro meses. Es el tercer país afro-árabe en hacerlo luego de Egipto y el esquivo Sudán.

Era casi natural que los marroquíes avanzaran hacia un acuerdo de normalización con Israel por varios motivos. Las relaciones entre Marruecos y el pueblo judío han tenido momentos de esplendor y continúan. La presencia de judíos en el país es anterior a la llegada de los judíos expulsados de España en 1492.

Las mismas se fueron fortaleciendo con la transformación de Marruecos en una colonia hispana y de hecho Ceuta y Melilla (donde viven 1,500 judíos) son territorio marroquí bajo control colonial hispano. Fez, Tánger, Tetuán y luego Rabat fueron centros pujantes de vida sefaradí que generaron Yeshivot, sinagogas, Mikvaot, cementerios y escuelas de habla hispanofrancesa, ya que el territorio fue disputado también por los galos.

La descolonización hispana de Marruecos generó la migración de judíos, aunque, antes, muchos miles llegaron a Israel unos años más tarde de creado el Estado hebreo. Quedó en el país una comunidad hebrea que llega a los 3,000 judíos, la más grande de África hasta llegar a territorio sudafricano. Los judíos marroquíes, que también en el siglo XIX llegaron a Brasil y Perú navegando el Amazonas, viven integrados al país, gozando de amplia libertad religiosa y no pocos judíos del mundo vuelven como turistas para visitar las sinagogas y tumbas de rabinos ancestrales.

El rey actual, Mohamed VI, al igual que su padre ya fallecido, protege a los judíos de los esporádicos brotes islamistas o antisionistas que son circunstanciales y no parecen arraigados en la población habiendo el país esquivado la Primavera Árabe en 2011.

Marruecos, si bien en lo formal nunca reconoció al Estado de Israel y siempre apoyó a los palestinos, nunca envió soldados a luchar contra el Estado hebreo ni consintió ataques terroristas.

Las relaciones no formales con Israel tomaron color en 1986 con la visita al país del entonces canciller Shimon Peres. Desde entonces se abrieron oficinas comerciales, hay vuelos directos, pero no se avanzó nunca más aunque se daba por descontado que estaba en los planes de Trump acercar a este país a Israel.

¿Milagro de Janucá versión siglo XXI? Se verá. Más allá de cierta frialdad marroquí ante los anuncios de Trump y Netanyahu, se trata de un gran avance en un acuerdo de paz con uno de los países árabes más estables y predecibles de la región. Claro que todo tiene su precio: EE. UU. e Israel deberán reconocer la soberanía marroquí sobre el disputado Sáhara Occidental que Rabat conquistó en 1975 luego de la retirada de los españoles.

Es importante saber que Marruecos es un país sunnita cercano a los intereses de Arabia Saudita; algo que quizás allane el camino para un acuerdo entre los saudíes e israelíes, demorado pero inevitable en este escenario. Claro que hay un paso previo: Omán

Un nuevo mundo; un nuevo Medio Oriente, una vela que se enciende y una nueva luz de esperanza.

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