Israel y los cinco rivales musulmanes por el Monte del Templo

Por Daniel Pipes

Todo el mundo conoce la disputa entre judíos y musulmanes por la reivindicación del dominio de Jerusalem, con la mentira palestina de que Jerusalem no tiene ningún papel en el judaísmo, y también la refutación pro-Israel de que el Corán no menciona a Jerusalem.

Pero hay otra batalla acalorada, aunque menos pública, sobre Jerusalem (en árabe: al-Quds): no sobre el derecho a gobernar la ciudad, sino en relación con la autoridad sobre el Monte del Templo (en árabe: al-Haram ash-Sharif), la explanada sagrada que contiene dos edificios antiguos y sagrados, la Cúpula de la Roca (construida en el año 691 de la era cristiana) y la mezquita de Al-Aqsa (705 de la era cristiana).

La Autoridad Palestina: El control del Monte del Templo es absolutamente fundamental para la misión de la AP. Puede que carezca de los recursos económicos y militares de un Estado, pero tiene dos poderes únicos: la gestión diaria (gracias a la deferencia israelí) y un amplio apoyo internacional a su pretensión de gobernar el este de Jerusalem.

La AP sostiene celosamente estos poderes intimidando a Israel con sus llamamientos a la indignación musulmana y al antisionismo de izquierdas. Como gobernante efectivo en la cima del Monte del Templo, es la potencia del statu quo que se resiste a cualquier cambio.

Jordania: Ammán goza de muchos privilegios formales, pero tiene una influencia minúscula sobre el terreno. El tratado de paz entre Jordania e Israel de 1994 establece que “Israel respeta el actual papel especial” de Jordania en los “santuarios sagrados musulmanes de Jerusalem” y concede “alta prioridad al papel histórico jordano en estos santuarios”.

Un estudioso traduce erróneamente esto en una supuesta custodia, “con sus correspondientes deberes de mantener, proteger y regular el acceso a los santuarios”. De hecho, Israel se confabula con los reyes jordanos, relativamente amistosos, para ocultar su impotencia porque ese supuesto “papel especial” es, en palabras de Nadav Shragai, “el ancla central que refuerza su gobierno monárquico, otorgándole legitimidad frente a los elementos extremistas islámicos de Jordania. Una presencia debilitada en el monte, teme Jordania, necesariamente socavará también la estabilidad en el reino hasta el punto de representar una amenaza existencial”.

Arabia Saudita: Los saudíes carecen de influencia, pero aspiran a tener algo de poder para mejorar su posición internacional. John Jenkins, antiguo embajador del Reino Unido en Riad, explica por qué: “Irán siempre les ha cuestionado la legitimidad de su custodia de La Meca y Medina. Si añadieran un tercer santuario a su lista, podrían aumentar sus pretensiones de ser los líderes [religiosos] absolutos del mundo islámico”. Los israelíes podrían entregar a Riad ese poder, endulzando simultáneamente un tratado de paz y disminuyendo el control palestino.

Turquía: El Imperio Otomano gobernó Jerusalem durante cuatro siglos (1516-1917), tras lo cual las autoridades turcas perdieron abruptamente el interés por la ciudad. El presidente Recep Tayyip Erdoğan renovó recientemente las reivindicaciones sobre sus lugares sagrados, culminando con una declaración de octubre de 2020 en la que afirmaba que “esta ciudad que tuvimos que abandonar entre lágrimas durante la Primera Guerra Mundial… es nuestra ciudad, una ciudad nuestra”.

Ankara ha respaldado esas palabras con decenas de millones de dólares para promover el patrimonio turco de Jerusalem, ganar apoyo para las reivindicaciones turcas sobre el Monte del Templo y desafiar el dominio israelí. Aliados con Hamás, los turcos no cooperan con el Estado judío, que a su vez quiere limitar su papel.

Marruecos: Presidir el Comité Al-Quds de la Organización de Cooperación Islámica y albergar su sede desde la fundación del comité en 1975 otorga a los reyes marroquíes cierta influencia sobre el Monte del Templo, a pesar de la distancia de 4.000 kilómetros.

El comité también tiene una filial, la Agencia Bayt Mal Al Quds, que financia los intereses islámicos en Jerusalem mediante la donación de alfombras de oración, la construcción de casas, la ayuda a las renovaciones, etc. Simbólicamente, el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, rezó en Al-Aqsa en marzo de 2018 para enviar “un fuerte mensaje de apoyo a la causa palestina”.

Por lo general, los reyes marroquíes se alían en las cuestiones del Monte del Templo con los reyes saudíes para disminuir a los reyes jordanos. Ganar su buena voluntad presumiblemente tuvo un papel en la decisión de Rabat de diciembre de 2020 de normalizar las relaciones con Israel.

Israel: Israel se enfrenta a dos actores hostiles en el Monte del Templo -la Autoridad Palestina y Turquía/Hamas- y a tres actores casi dispuestos a colaborar con él: Jordania, Arabia Saudita y Marruecos. Hasta ahora, los dirigentes israelíes han carecido de imaginación para explotar esta rivalidad, con su gran impacto psicológico potencial. Una idea: animar a los gobernantes emiratíes a unirse a los otros tres reyes para socavar la legitimidad de la Autoridad Palestina. Otra: revivir la iniciativa de Ehud Olmert de patrocinar un comité que supervise los santuarios islámicos de Jerusalem.

La pelota está en el tejado de Israel.


Daniel Pipes (DanielPipes.org, @DanielPipes) es presidente del Foro de Oriente Medio.
Fuente: Jewish News Syndicate