Entrevista a Ezequiel Silberstein: “La música fortalece la diversidad”

 Ezequiel Silberstein es director orquestal, actualmente se desempeña como regente y director musical de la Academia Orquestal del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y como asistente de cátedra de Dirección Orquestal en la Universidad Nacional de las Artes. Junto a la Revista Compromiso de la DAIA, el músico reflexionó sobre la diversidad que caracteriza a la música y resaltó la importancia de trabajar para que se pierda el tabú hacia esta disciplina promoviendo políticas inclusivas que permita el acceso igualitario a los espectáculos musicales.

Compromiso: ¿Cómo recuerda sus primeros pasos en la música?

Ezequiel Silberstein: Vengo de una familia de músicos por parte de mi familia materna. Mi bisabuela era profesora de piano, mi abuela, Pichona Sujatovich también. Ella les dio clases a muchos músicos conocidos como Charly García y Fito Páez. Mi madre sigue siendo maestra de piano y mi tío, Leo Sujatovich, es un gran músico argentino. Ellos fueron una gran influencia para mí.

A los seis años comencé a estudiar piano con mi abuela, eso y observar al resto de mi familia me fue abriendo el mundo musical. Más tarde, con mis visitas al Colón fui enfocándome en lo que soy hoy, director de orquesta. La música llego a mí.

C: ¿Qué significado le da al haberse consolidado como regente y director musical de la Academia Orquestal del Teatro Colón?

E.S.: Es un reconocimiento muy importante a mi trabajo. Se dio en el 2018, un año después de ingresar a trabajar al Teatro Colón como asistente de la Filarmónica de Buenos Aires. Es una gran responsabilidad porque es la orquesta joven del Teatro Colón, por la cual pasaron músicos consagrados, es un espacio de formación. Un gran emprendimiento que hay que saber llevar adelante, aprendí mucho estos años. Me encanta estar al frente de este proyecto. La dirección general del instituto es del maestro Marcelo Birman quien está haciendo una gran gestión, se trabaja muy lindo. Me gusta mucho estar en la etapa de formación del músico y poder brindar lo mío y seguir aprendiendo siempre.

Es un gran privilegio ser parte de la familia del Colón y representante de la generación joven del Teatro.

C: ¿Qué experiencia le dejó haber trabajado con músicos de diversas partes del mundo?

E.S.: La mejor experiencia, tanto con los intérpretes como con la propia música. Tuve la posibilidad de viajar por Europa, América Latina y Estados Unidos siempre conociendo nueva gente y talentos. Pero en la música hay algo que siempre igual. Las notas, las dinámicas, las formas de escribir, de comunicarnos es siempre la misma, y eso es magnífico. Más allá de donde hayamos estudiado o nos hayamos formado el idioma de la música es siempre uno.

Trabajar con personas de diferentes religiones y nacionalidades siempre me ha nutrido. Cuando tuve la posibilidad de vivir en Israel con compañeros de maestría de diferentes nacionalidades, judíos y también árabes, fue muy enriquecedor. Siempre me nutrió conocer sus culturas y como llegaron a la música, y también el trabajo con músicos argentinos. Me es vital escuchar diferentes voces tanto desde cómo salen del instrumento hasta la historia que tiene para contar.

C: ¿Con qué estilo de música judía se siente más cercano?

E.S.: Me crié yendo mucho a Bet-Hilel porque mi padre fue uno de sus fundadores, entonces tengo algo con la música litúrgica que me gusta mucho, que me recuerda a mi infancia. Además, durante ocho años fui el tecladista para yamim noraim de la comunidad de Basavilbaso junto a mi amigo Enrique Grinberg, hay toda una cuestión con la música de Lewandowski, los famosos corales que me trae recuerdos nostálgicos muy lindos. Por otro lado, la música Klezmer siempre me ha gustado mucho y soy un gran seguidor de Idan Raichel y de su proyecto de música del mundo tan influenciado por la cultura israelí y sus raíces judías. Es una música con mucha raíz, historia y mucho para contar.

C: ¿Cuál considera que podría ser una manera de estimular el interés de los jóvenes y los niños por la música?

E.S.: Hay muchas maneras. Es algo que no debe ser forzado, no hay que imponerle la música ni un instrumento a un chico. Yo hago mucho hincapié en los conciertos didácticos y en aquellos para toda la familia. El año pasado con la Orquesta Académica del Teatro Colón hicimos una serie de conciertos didácticos para los cuales vinieron cuatro mil chicos de diferentes escuelas de la Ciudad de Buenos Aires y eso es una herramienta de difusión alucinante y masiva. El noventa y nueve por ciento de esos niños nunca había ido al teatro o escuchado a una orquesta. Es muy necesario trabajar para que desde las políticas de educación se pierda el tabú con la música en general y con la clásica en particular. Hay diferenciación de géneros, pero la música es una sola. Es importante que haya políticas inclusivas que permita que quien no pueda pagar acceda a un espectáculo del mismo nivel que él que sí puede, y también que aquellas personas que puedan colaboran en emprendimientos, como proyectos de orquestas, inviertan en ellos. Eso ayuda a que la música llegue a quienes de otra manera no podrían acceder a ella.

C: ¿En qué medida cree que la música fortalece la diversidad?

E.S.: Claramente la música fortalece la diversidad porque la música es diversa. Tuve muchas experiencias de convergencia entre música popular y clásica y es maravilloso.

Si de afuera pareciera haber cierto recelo, al momento de comenzar a tocar eso no existe. Llevado al plano social, sin dudas, la música tiene un poder único que hace que trascienda fronteras y culturas. Es hermoso cuando uno lleva la música de uno a otros sitios… a la gente se le llena el corazón. La música nos llena el corazón y nos lleva a trascender y a pasar nuestro momento por la vida de una manera muy única.


Fuente: http://www.daia.org.ar/2021/01/04/silberstein/

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